Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 44
José dio esta orden a su mayordomo: «Llena de trigo los costales de estos hombres cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.
Mi copa, la copa de plata, la pondrás en la boca del costal del menor, junto con el dinero de su trigo.» Y así lo hizo.
A la mañana, cuando ya aclaraba, se despidió a aquellos hombres con sus asnos.
Apenas salieron de la ciudad, no lejos todavía, José dijo a su mayordomo: «Levántate, persigue a esos hombres, y cuando los alcances, diles: «¿Por qué pagáis bien por mal?
¿No es ésta la copa en que bebe mi señor y mediante la cual practica la adivinación? Habéis hecho mal en proceder así.»»
El los alcanzó y les dijo esas palabras.
Ellos respondieron: «¿Por qué dice mi señor tales cosas? Lejos de tus siervos obrar de esa manera.
El dinero que encontramos en la boca de nuestros costales te lo devolvimos desde la tierra de Canaán; ¿cómo íbamos a robar de la casa de tu señor plata ni oro?
Aquel de tus siervos con quien se encuentre, que muera; y nosotros seremos esclavos de mi señor.»
El respondió: «Está bien; sea conforme a vuestras palabras: aquel con quien se encuentre será mi esclavo; vosotros quedaréis libres.»
Se apresuraron, pues, cada uno a bajar su costal a tierra; y lo abrieron.
El registró, comenzando por el mayor y acabando por el menor; y la copa se encontró en el costal de Benjamín.
Entonces ellos rasgaron sus vestidos, cargaron de nuevo sus asnos, y volvieron a la ciudad.
Judá, con sus hermanos, entró en casa de José, que todavía estaba allí, y cayeron a sus pies en tierra.
José les dijo: «¿Qué acción es ésta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo practica la adivinación?»
Judá respondió: «¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué palabras, o cómo justificarnos? Dios ha descubierto la maldad de tus siervos. Somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder se encontró la copa.»
José respondió: «Lejos de mí hacer eso. Aquel en cuyo poder se encontró la copa será mi esclavo; vosotros subid tranquilos a vuestro padre.»
Entonces Judá se acercó a él y dijo: «Permite, señor mío, que tu siervo diga una palabra a oídos de mi señor, y no te enojes contra tu siervo, porque tú eres como el Faraón.
Mi señor preguntó a sus siervos: «¿Tenéis padre o hermano?»
Nosotros respondimos a mi señor: «Tenemos un padre anciano, y un hijo pequeño de su vejez; su hermano ha muerto, y él ha quedado solo de su madre, y su padre le ama.»
Tú dijiste a tus siervos: «Traédmelo, para que yo lo vea.»
Nosotros dijimos a mi señor: «El muchacho no puede dejar a su padre, porque si lo deja, su padre morirá.»
Pero tú dijiste a tus siervos: «Si vuestro hermano menor no baja con vosotros, no volveréis a ver mi rostro.»
Cuando subimos a tu siervo, mi padre, le contamos las palabras de mi señor.
Entonces nuestro padre dijo: «Volved a comprarnos un poco de alimento.»
Nosotros respondimos: «No podemos bajar; pero si nuestro hermano menor viene con nosotros, bajaremos; porque no podemos ver el rostro de aquel hombre, si nuestro hermano menor no está con nosotros.»
Entonces tu siervo, mi padre, nos dijo: «Vosotros sabéis que mi mujer me dio dos hijos;
uno salió de mi lado, y dije: «Sin duda ha sido despedazado», y no lo he visto hasta ahora.
Si me quitáis también a éste, y le sucede una desgracia, haréis que este hombre canoso baje al seol con desventura.»
Ahora, pues, cuando yo vuelva a tu siervo, mi padre, y el muchacho no esté con nosotros, como él vive unido a él,
sucederá que en viendo que el muchacho no está, morirá; y tus siervos harán bajar la vejez de tu siervo, nuestro padre, al seol, llena de pesadumbre.
Porque tu siervo salió fiador del muchacho ante mi padre, diciendo: «Si no te lo devuelvo, seré culpable para siempre ante mi padre.»
Permite, pues, que tu siervo se quede como esclavo de mi señor en lugar del muchacho, y que el muchacho suba con sus hermanos.
Porque ¿cómo podría yo volver a mi padre si el muchacho no está conmigo? No quiero ver la desgracia que sobrevendría a mi padre.»