Génesis es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y también por el judaísmo. Forma parte de la Torá (Pentateuco), tradicionalmente atribuida a Moisés, y es fundamental para la comprensión de los orígenes del mundo y del pueblo de Israel.
Génesis
Capítulo 45
José no pudo contenerse delante de cuantos le asistían, y gritó: «¡Haced salir a todo el mundo!» Y no quedó nadie con él cuando se dio a conocer a sus hermanos.
Rompió a llorar, y gritó tan fuerte, que los egipcios le oyeron; y la casa del Faraón lo supo.
José dijo a sus hermanos: «Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Pero sus hermanos no pudieron responderle, porque se habían quedado aterrados delante de él.
José dijo a sus hermanos: «Acercaos a mí, por favor.» Ellos se acercaron. Y él dijo: «Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para Egipto.
Pero ahora, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido aquí, porque para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros.
Ya hace dos años que hay hambre en la tierra, y aún faltan cinco años en que no habrá ni siembra ni siega.
Dios me envió delante de vosotros para aseguraros un resto en la tierra y para salvaros la vida por una gran liberación.
Así pues, no sois vosotros los que me enviasteis aquí, sino Dios; y él me ha hecho padre del Faraón, señor de toda su casa y gobernador de todo el país de Egipto.
Daos prisa, subid donde mi padre y decidle: «Así dice tu hijo José: «Dios me ha hecho señor de todo Egipto. Baja donde mí sin demora.
Habitarás en la tierra de Gosen, y estarás cerca de mí, tú, tus hijos, tus nietos, tus ovejas, tus vacas y todo cuanto tienes.
Allí te mantendré, porque aún faltan cinco años de hambre, para que no perezcas de miseria tú y tu casa, con todo cuanto tienes.»»
«Vosotros veis, y también mi hermano Benjamín ve, que soy yo mismo quien os habla de palabra.
Contad, pues, a mi padre toda mi gloria en Egipto y todo cuanto habéis visto; y daos prisa en bajar donde mi padre.»
Y se echó al cuello de su hermano Benjamín y lloró; y Benjamín también lloró sobre su cuello.
Besó a todos sus hermanos y lloró sobre ellos. Después, sus hermanos conversaron con él.
Se difundió la noticia por la casa del Faraón: «Han venido los hermanos de José.» Y plugo mucho al Faraón y a sus servidores.
El Faraón dijo a José: «Di a tus hermanos: «Haced esto: cargad vuestros animales, id a la tierra de Canaán,
traed a vuestro padre y a vuestras familias, y venid a mí; yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis de la crema del país.»
«Y a ti te mando decirles: «Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y para vuestras mujeres; traed a vuestro padre y venid.
No sintáis pesar por vuestros enseres, porque la flor de toda la tierra de Egipto es vuestra.»»
Así lo hicieron los hijos de Israel. José les dio carros conforme a la orden del Faraón, y les suministró víveres para el camino.
A cada uno de ellos dio una muda de vestido; a Benjamín le dio trescientas monedas de plata y cinco mudas de vestido.
A su padre le envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, pan y provisiones para su padre durante el camino.
Luego despidió a sus hermanos, que se fueron; y les dijo: «No riñáis por el camino.»
Subieron, pues, de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, donde su padre Jacob.
Le dieron la noticia: «José vive todavía, y es el gobernador de todo el país de Egipto.» Pero él quedó desconcertado, porque no les creía.
Ellos le contaron todas las palabras que José les había dicho, y él vio los carros que José había enviado para llevarle, y entonces revivió el espíritu de Jacob, su padre.
Israel dijo: «¡Basta!; mi hijo José vive todavía. Iré y lo veré antes de morir.»