El libro de Ester es aceptado por todas las tradiciones cristianas, pero con diferencias significativas de contenido. Las Biblias protestantes siguen el texto hebreo masorético (10 capítulos). Las Biblias católicas incluyen seis adiciones (capítulos 11-16), conocidas como 'El Resto de Ester', basadas en la versión griega de la Septuaginta. Esta numeración de 16 capítulos proviene de la traducción de la Vulgata de San Jerónimo, quien tradujo primero el texto hebreo (capítulos 1-10) y añadió al final los fragmentos griegos como un apéndice (capítulos 11-16).
Ester
Capítulo 1 — La reina Vasti desobedece al rey
En el tiempo de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias,
en aquellos días en que el rey Asuero estaba sentado en el trono de su reino, el cual estaba en Susa, la capital,
en el tercer año de su reinado, hizo un banquete a todos sus príncipes y cortesanos, a los jefes del ejército de Persia y de Media, a los nobles y a los gobernadores de las provincias, que estaban con él,
para mostrar las riquezas de su glorioso reino y el esplendor de su gran majestad, por muchos días, ciento ochenta días.
Y al cumplirse esos días, el rey hizo un banquete por siete días en el patio del jardín del palacio real para todo el pueblo que se hallaba en Susa, la capital, desde el mayor hasta el menor.
Había cortinas de lino blanco y de púrpura violeta, sujetas con cuerdas de lino fino y púrpura a anillos de plata y columnas de mármol. Los divanes eran de oro y de plata, sobre un pavimento de pórfido, mármol, nácar y piedras de color.
Se servía la bebida en vasijas de oro, de distintos modelos, y el vino real era abundante, conforme a la generosidad del rey.
La bebida se servía sin restricción, porque así lo había ordenado el rey a todos los mayordomos de su palacio: que hicieran conforme a la voluntad de cada uno.
También la reina Vasti hizo un banquete para las mujeres en el palacio del rey Asuero.
Al séptimo día, como el corazón del rey estaba alegre por el vino, mandó a Mehumán, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcás, los siete eunucos que servían delante del rey Asuero,
que trajeran a la reina Vasti delante del rey con la corona real, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su belleza, porque era de hermoso aspecto.
Pero la reina Vasti no quiso venir conforme a la orden del rey, transmitida por los eunucos. Entonces el rey se enojó mucho, y su furor se encendió.
Y preguntó el rey a los sabios que conocían los tiempos (porque así se trataban los asuntos del rey con los que conocían la ley y el derecho,
y estaban junto a él Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media, que veían el rostro del rey y ocupaban el primer lugar en el reino):
«¿Qué se debe hacer, según la ley, con la reina Vasti, por no haber cumplido la orden del rey Asuero transmitida por los eunucos?»
Y Memucán respondió delante del rey y de los príncipes: «No sólo contra el rey ha faltado la reina Vasti, sino contra todos los príncipes y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Asuero.
Porque la conducta de la reina llegará a conocimiento de todas las mujeres, y hará que ellas desprecien a sus maridos, pues dirán: “El rey Asuero mandó que trajeran delante de él a la reina Vasti, y ella no vino.”
Hoy mismo las nobles de Persia y de Media que sepan la conducta de la reina dirán lo mismo a todos los príncipes del rey, y habrá mucho desprecio y enojo.
Si le place al rey, que se promulgue un edicto de su parte y que se inscriba en las leyes de Persia y de Media, y que no sea revocado, que Vasti no vuelva a entrar en la presencia del rey Asuero, y que el rey dé su rango real a otra que sea mejor que ella.
Cuando el edicto que promulgue el rey sea conocido en todo su reino, grande como es, todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el más grande hasta el más pequeño.»
Agradó esta opinión al rey y a los príncipes, e hizo el rey conforme al consejo de Memucán.
Y envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura y a cada pueblo conforme a su idioma, declarando que todo hombre era señor en su casa.