El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 1 — ISRAEL EN EGIPTO
Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:
Rubén, Simeón, Leví, Judá,
Isacar, Zabulón, Benjamín,
Dan, Neftalí, Gad y Aser.
Todas las personas que salieron del tronco de Jacob fueron setenta; José estaba ya en Egipto.
Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
Mas los israelitas fueron fecundos, se reprodujeron, se multiplicaron y se hicieron fuertes en extremo, de modo que el país se llenó de ellos.
Entretanto surgió sobre Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José,
y dijo a su pueblo: «Mirad, el pueblo de los israelitas es más numeroso y más fuerte que nosotros.
Ea, usemos de astucia con él, no sea que se multiplique, y que, en caso de guerra, se una también a nuestros enemigos, nos ataque y se vaya del país.»
Pusieron, pues, sobre él comisarios de obras para agobiarle con duros trabajos; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.
Pero cuanto más le oprimían, tanto más se multiplicaba y crecía, de modo que los egipcios sintieron aversión hacia los israelitas,
y sometieron a los israelitas a una dura servidumbre.
Amargaron su vida con duros trabajos: mezcla de argamasa, fabricación de ladrillos, toda clase de labores del campo, en una palabra, todos los trabajos a que les obligaban con dureza.
El rey de Egipto habló a las comadronas de las hebreas, llamada una Sifrá, y la otra Puá,
y les dijo: «Cuando asistáis a las hebreas durante el parto, y las veáis sobre el asiento, si es un niño, lo mataréis; si es una niña, la dejaréis con vida.»
Pero las comadronas temieron a Dios, e hicieron como les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaron con vida a los niños.
Entonces el rey de Egipto llamó a las comadronas y les dijo: «¿Por qué habéis hecho esto, dejando con vida a los niños?»
Respondieron las comadronas a Faraón: «Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias: son robustas, y antes de que llegue la comadrona, ya han dado a luz.»
Dios favoreció a las comadronas; y el pueblo se multiplicó y se hizo muy fuerte.
Por haber temido las comadronas a Dios, les concedió Dios una numerosa familia.
Entonces Faraón mandó a todo su pueblo diciendo: «Todo hijo que nazca lo echaréis al Río; a toda hija la dejaréis con vida.»