El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 11
Dijo Yahveh a Moisés: «Todavía una plaga traeré sobre Faraón y sobre Egipto; después de la cual os dejará partir de aquí. Y cuando os deje ir del todo, os echará de aquí.
Habla, pues, al pueblo para que cada hombre pida a su vecino y cada mujer a su vecina objetos de plata y objetos de oro.»
Yahveh hizo que el pueblo hallase gracia a los ojos de los egipcios. También Moisés era muy considerado en el país de Egipto, ante los servidores de Faraón y ante el pueblo.
Moisés dijo: «Así dice Yahveh: Hacia la medianoche yo saldré a recorrer Egipto,
y morirá todo primogénito en el país de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito de la sierva que está junto al molino, y todos los primogénitos del ganado.
Habrá un gran clamor en todo el país de Egipto, cual nunca lo hubo ni lo habrá jamás.
Pero entre todos los israelitas, desde los hombres hasta los animales, ni un perro moverá la lengua, para que sepáis cómo Yahveh distingue entre Egipto e Israel.»
«Entonces bajarán hasta mí todos estos tus servidores y se postrarán ante mí, diciendo: "Sal, tú y todo el pueblo que te sigue." Después de esto saldré.» Y Moisés, encendido de ira, salió de la presencia de Faraón.
Yahveh dijo a Moisés: «Faraón no os escuchará, para que yo multiplique mis prodigios en el país de Egipto.»
Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios ante Faraón; pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que no dejó salir de su país a los israelitas.