El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 13
Yahveh habló a Moisés y le dijo:
«Conságrame todo primogénito, todo el que abre el seno materno entre los israelitas, tanto de hombres como de animales; es mío.»
Dijo Moisés al pueblo: «Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de servidumbre; pues con mano poderosa os sacó Yahveh de aquí; no comeréis pan fermentado.
Hoy salís vosotros, en el mes de Abib.
Y cuando Yahveh te haya introducido en la tierra del cananeo, del hitita, del amorreo, del jivita y del jebuseo, que él juró a tus padres que te daría, tierra que mana leche y miel, observarás este rito en este mes.
Durante siete días comerás panes ázimos; el séptimo día será fiesta en honor de Yahveh.
Se comerán panes ázimos durante los siete días; no se verá nada fermentado junto a ti, ni se verá levadura en todo tu territorio.
Aquel día explicarás a tu hijo: "Esto es por lo que Yahveh hizo por mí cuando salí de Egipto."
Te servirá como señal en tu mano y como memorial en tu frente, a fin de que la ley de Yahveh esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó Yahveh de Egipto.
Guardarás este rito en su tiempo, de año en año.
Y cuando Yahveh te haya introducido en la tierra del cananeo, según te lo juró a ti y a tus padres, y te la haya dado,
todo lo que abre el seno materno se lo ofrecerás a Yahveh. Todo primogénito de tus animales, si es macho, pertenece a Yahveh.
Todo primogénito de asno lo rescatarás con una res; si no lo rescatas, le quebrarás la nuca. Asimismo a todo primogénito de hombre entre tus hijos, lo rescatarás.
Cuando el día de mañana tu hijo te pregunte: "¿Qué es esto?", le responderás: "Con mano poderosa nos sacó Yahveh de Egipto, de la house de servidumbre."
Como se obstinó Faraón en no dejarnos salir, Yahveh mató a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito de los hombres hasta el primogénito de los animales. Por eso ofrezco en sacrificio a Yahveh todo primerizo macho, y rescato a todo primogénito de mis hijos.
Será como una señal en tu mano y como un fronto entre tus ojos, de que Yahveh nos sacó de Egipto con mano poderosa.»
Cuando Faraón dejó salir al pueblo, no los condujo Dios por el camino del país de los filisteos, aunque era el más corto; pues dijo Dios: "No sea que el pueblo, al enfrentarse con la guerra, se arrepienta y vuelva a Egipto."
Hizo Dios dar un rodeo al pueblo por el camino del desierto del Mar de Suf. Los israelitas subieron de Egipto pertrechados militarmente.
Moisés tomó consigo los huesos de José, porque éste había conjurado solemnemente a los israelitas, diciendo: "Dios os visitará; entonces habéis de llevar con vosotros mis huesos de aquí."
Partieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
Yahveh iba delante de ellos, de día en columna de nube, para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduviesen de día y de noche.
No se apartaba de delante del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.