El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 17
Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin por etapas, según la orden de Yahveh, y acamparon en Refidim; pero no había agua que pudiera beber el pueblo.
El pueblo altercó con Moisés, diciendo: «Dadnos agua para beber.» Moisés les respondió: «¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Yahveh?»
Y allí, el pueblo, atormentado por la sed, murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés a Yahveh, diciendo: «¿Qué haré con este pueblo? Un poco más y me apedrearán.»
Respondió Yahveh a Moisés: «Pasa al frente del pueblo; toma contigo algunos de los ancianos de Israel; toma en tu mano el bastón con que heriste el Río, y ponte en marcha.
Yo estaré allí delante de ti, sobre la roca, en Horeb. Golpearás la roca, y saldrá agua de ella, y beberá el pueblo.» Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel.
Y llamó a aquel lugar Massá y Meribá, por el altercado de los israelitas y porque tentaron a Yahveh, diciendo: «¿Está o no Yahveh en medio de nosotros?»
Entonces vino Amalec y atacó a Israel en Refidim.
Dijo Moisés a Josué: «Escógenos hombres y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré en pie sobre la cima del monte, con el bastón de Dios en la mano.»
Hizo Josué como le había dicho Moisés, para pelear contra Amalec; y Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto su mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec.
Como se le cansaban las manos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo, y se sentó sobre ella. Aarón y Jur sostenían sus manos, uno a un lado y otro al otro; así se mantuvieron sus manos firmes hasta la puesta del sol.
Y Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
Entonces dijo Yahveh a Moisés: «Escribe esto para memoria en un libro, y graba en los oídos de Josué que yo borraré la memoria de Amalec de debajo del cielo.»
Moisés edificó un altar, y lo llamó «Yahveh Nissí», es decir, «Yahveh es mi bandera».
Dijo: «Porque la mano de Amalec se alzó contra el trono de Yahveh, Yahveh está en guerra con Amalec de generación en generación.»