El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 19 — LA ALIANZA EN EL SINAI
Al tercer mes de la salida de Egipto, aquel mismo día, llegaron los israelitas al desierto del Sinaí.
Partidos de Refidim, llegaron al desierto del Sinaí y acamparon en el desierto. Acampó allí Israel, frente al monte.
Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas:
Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.
Ahora, pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque toda la tierra es mía.
Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que has de decir a los israelitas.»
Vino Moisés, convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.
Todo el pueblo, a una, respondió: «Haremos todo cuanto Yahveh ha dicho.» Moisés volvió a Yahveh para comunicarle las palabras del pueblo.
Dijo Yahveh a Moisés: «Mira, yo voy a venir a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo, y también para que crean siempre en ti.» Moisés comunicó a Yahveh las palabras del pueblo.
Entonces dijo Yahveh a Moisés: «Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana; que laven sus vestidos,
y estén preparados para pasado mañana; porque al tercer día bajará Yahveh a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
Señalarás alrededor un límite al pueblo, advirtiendo: "Guardaos de subir al monte o de tocar su falda. Todo el que toque el monte será reo de muerte."
Ninguna mano lo tocará, sino que será lapidado o flechado; tanto animal como hombre, no vivirá. Sólo cuando suene el cuerno podrán subir al monte.»
Bajó Moisés del monte, fue donde estaba el pueblo y lo santificó; lavaron sus vestidos.
Y dijo al pueblo: «Estad preparados para dentro de tres días; no os acerquéis a vuestras mujeres.»
Al tercer día, al despuntar la mañana, vinieron truenos y relámpagos, una densa nube sobre el monte y un fortísimo sonido de trompeta; todo el pueblo que estaba en el campamento se puso a temblar.
Moisés sacó al pueblo del campamento al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.
El monte Sinaí humeaba todo entero, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego; subía su humo como el humo de un horno, y todo el monte temblaba violentamente.
El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno.
Bajó Yahveh sobre el monte Sinaí, a la cima del monte; y llamó Yahveh a Moisés a la cima del monte, y Moisés subió.
Entonces Yahveh dijo a Moisés: «Baja y avisa al pueblo que no traspase el límite para ver a Yahveh, porque muchos de ellos sucumbirían.
También los sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse, no sea que Yahveh se ensañe con ellos.»
Moisés dijo a Yahveh: «El pueblo no puede subir al monte Sinaí, porque tú nos lo has advertido, diciendo: Señala un límite al monte y decláralo sagrado.»
Yahveh le dijo: «Anda, baja; luego subirás tú, y contigo Aarón; pero los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir hacia Yahveh, no sea que se ensañe con ellos.»
Bajó Moisés donde el pueblo y se lo dijo.