El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 22
«Si un hombre roba un buey o una oveja y lo mata o lo vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja.
Si el ladrón, sorprendido cuando está forzando la casa, es herido y muere, el heridor no es reo de sangre.
Pero si ha salido ya el sol, es reo de sangre. El ladrón deberá restituir; si no tiene medios, será vendido para pagar lo que robó.
Si el animal robado, buey, asno u oveja, se encuentra vivo en su poder, pagará el doble.
Si un hombre deja sueltos sus animales en un campo o viña, o bien los suelta y pasta en campo ajeno, pagará lo mejor de su campo o lo mejor de su viña.
Si se prende fuego y, propagándose a las zarzas, quema las gavillas, las mieses en pie o el campo, pagará el que encendió el fuego.
Si un hombre da a su prójimo dinero o cosas a guardar, y le son robados de casa del tal, si se encuentra al ladrón, pagará el doble.
Si no se encuentra al ladrón, el dueño de la casa será llevado ante Dios, para que declare que no ha metido su mano en la hacienda del prójimo.
Por cualquier asunto fraudulento, sea por buey, por asno, por cordero, por vestido o por cualquier objeto perdido, del que se diga: "Esto es suyo", el asunto de ambos será llevado ante Dios; aquel a quien Dios condene pagará el doble a su prójimo.
Si un hombre da a su prójimo a guardar un asno, un buey, una oveja o cualquier animal, y el animal muere, o se lastima, o es robado sin que nadie lo vea,
el juramento de Yahveh decidirá entre los dos sobre si el uno ha metido su mano en la hacienda del otro; el dueño aceptará el juramento, y el otro no restituirá.
Pero si el animal ha sido robado de su casa, indemnizará a su dueño.
Si ha sido despedazado, lo traerá como prueba, y no indemnizará lo despedazado.
Si un hombre pide prestado a su prójimo un animal, y éste se lastima o muere en ausencia de su dueño, deberá indemnizarlo.
Pero si el dueño está presente, no indemnizará. Si era alquilado, el precio del alquiler cubre la pérdida.
Si un hombre seduce a una doncella todavía no desposada y se acuesta con ella, pagará la dote y la tomará por mujer.
Si su padre se niega a dársela, pagará en plata el precio de la dote de las doncellas.
No dejarás vivir a la hechicera.
Todo el que se ayunte con una bestia será reo de muerte.
El que ofrezca un sacrificio a otros dioses fuera de Yahveh, será consagrado al anatema.
No maltratarás al forastero ni lo oprimirás, porque forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.
No maltratarás a la viuda ni al huérfano.
Si los maltratas y ellos claman a mí, ciertamente oiré su clamor;
se encenderá mi ira, y os mataré a espada, y vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a algún pobre de mi pueblo que está contigo, no te portarás con él como acreedor, y no le exigiréis interés.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol;
porque ese es su único abrigo, el vestido de su piel. ¿Dónde va a dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.
No maldecirás a Dios; ni maldecirás al jefe de tu pueblo.
No te retrases en ofrecer la primicia de tu cosecha y de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos.
Lo mismo harás con tu buey y con tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo me lo darás.
Seréis para mí hombres santos. No comeréis carne despedazada en el campo; la echaréis a los perros.