El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 3
Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián. Llevó el rebaño trashumando por el desierto y llegó al Horeb, la montaña de Dios.
El Ángel de Yahveh se le apareció en una llama de fuego, de en medio de una zarza. Miró, y vio que la zarza ardía sin consumirse.
Dijo Moisés: «Voy a acercarme a ver este espectáculo grandioso: por qué no se quema la zarza.»
Viendo Yahveh que se acercaba a mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» Dijo él: «Heme aquí.»
Continuó: «No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar que pisas es tierra santa.»
Dijo además: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, pues temía ver a Dios.
Y dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he oído su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos.
He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, a la comarca del cananeo, del hitita, del amorreo, del perizita, del jivita y del jebuseo.
Ahora, pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí, y he visto también la opresión con que los egipcios les oprimen.
Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.»
Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme a Faraón y para sacar de Egipto a los israelitas?»
Respondió: «Yo estaré contigo; y esta será la señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, daréis culto a Dios en esta montaña.»
Replicó Moisés a Dios: «Mira, yo voy a los israelitas y les diré: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros." Si ellos me preguntan: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?»
Dijo Dios a Moisés: «Yo Soy el que Soy.» Añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo Soy" me ha enviado a vosotros.»
Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, así se me invocará de generación en generación.
Vé y reúne a los ancianos de Israel y diles: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido, diciendo: Yo os he visitado y he visto lo que se os hace en Egipto,
y he resuelto sacaros de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del hitita, del amorreo, del perizita, del jivita y del jebuseo, tierra que mana leche y miel.
Escucharán tu voz, y entonces irás, tú y los ancianos de Israel, al rey de Egipto y le diréis: Yahveh, el Dios de los hebreos, nos ha salido al encuentro. Permítenos, pues, ir tres días de camino por el desierto a sacrificar a Yahveh, nuestro Dios.
Pero yo sé que el rey de Egipto no os dejará partir a menos de ser obligado por mano fuerte.
Por tanto, extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas las maravillas que haré en medio de él. Después de esto os dejará partir.
Yo haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, y así, cuando salgáis, no os iréis con las manos vacías.
Cada mujer pedirá a su vecina y a la que reside en su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas. Así despojaréis a Egipto.»