El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 30
«Harás un altar para quemar el incienso; lo harás de madera de acacia.
Tendrá un codo de largo, un codo de ancho, será cuadrado, y dos codos de alto; los cuernos formarán una sola pieza con él.
Revestirás de oro puro su parte superior, sus costados alrededor y sus cuernos; alrededor le harás una moldura de oro.
Le harás dos anillas de oro debajo de la moldura, a sus dos costados; las pondrás en los dos lados, para pasar las varas con que se transporte.
Harás las varas de madera de acacia y las revestirás de oro.
Lo colocarás delante del velo que está sobre el arca del Testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el Testimonio, donde me encontraré contigo.
Aarón quemará en él incienso aromático; cada mañana, cuando arregle las lámparas, lo quemará.
Y al atardecer, cuando Aarón ponga las lámparas, lo quemará. Será un incienso perpetuo delante de Yahveh de generación en generación.
No ofreceréis sobre él incienso profano, ni holocausto, ni oblación, ni libación.
Una vez al año Aarón hará la expiación sobre los cuernos del altar; con la sangre del sacrificio por el pecado de la expiación, una vez al año, hará sobre él la expiación, de generación en generación. Es cosa santísima para Yahveh.»
Yahveh habló a Moisés, diciendo:
«Cuando tomes el censo de los israelitas para hacer el recuento, dará cada uno a Yahveh un rescate por su persona, para que no haya plaga en ellos cuando sean empadronados.
Esto dará todo el que sea empadronado: medio siclo, según el siclo del Santuario (el siclo es de veinte guerás). Medio siclo será la ofrenda para Yahveh.
Todo el que sea empadronado, de veinte años arriba, pagará la ofrenda de Yahveh.
El rico no dará más, ni el pobre dará menos de medio siclo, al pagar la ofrenda de Yahveh para hacer expiación por vuestras personas.
Tomarás de los israelitas el dinero de la expiación y lo destinarás al servicio de la Tienda del Encuentro; será para los israelitas un memorial delante de Yahveh, para hacer expiación por vuestras personas.»
Yahveh habló a Moisés, diciendo:
«Harás una pila de cobre, con su base de cobre, para las abluciones. La pondrás entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echarás en ella agua.
Aarón y sus hijos se lavarán en ella las manos y los pies.
Cuando entren en la Tienda del Encuentro, se lavarán con agua y no morirán; asimismo cuando se acerquen al altar para oficiar, para quemar un manjar abrasado para Yahveh.
Se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Será ley perpetua para ellos, para él y su descendencia de generación en generación.»
Yahveh habló a Moisés, diciendo:
«Toma aromas de primera calidad: de mirra líquida, quinientos siclos; de cinamomo aromático, la mitad, doscientos cincuenta; de caña aromática, doscientos cincuenta;
de casia, quinientos, según el siclo del Santuario; y un hin de aceite de oliva.
Harás con ello el óleo de la unción santa, perfume compuesto según el arte del perfumista; será el óleo de la unción santa.
Con él ungirás la Tienda del Encuentro, el arca del Testimonio,
la mesa y todos sus utensilios, el candelabro y sus utensilios, el altar del incienso,
el altar del holocausto y todos sus utensilios, la pila y su base.
Los consagrarás, y serán cosa santísima; todo lo que los toque será santo.
Ungirás a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes.
A los israelitas les dirás: Este será para mí el óleo de la unción santa, de generación en generación.
No se derramará sobre carne de hombre, ni haréis otro semejante, con la misma composición; es cosa sagrada, y la tendréis por sagrada.
Quien componga ungüento semejante, o quien lo ponga sobre un extraño, será excluido de su pueblo.»
Dijo Yahveh a Moisés: «Toma aromas: estacte, ónice, gálbano aromático e incienso puro, en igual proporción.
Harás con ello un perfume, según el arte del perfumista, mezclado, puro y santo.
Lo molerás todo hasta reducirlo a polvo fino, y pondrás parte de él delante del Testimonio en la Tienda del Encuentro, donde me encontraré contigo. Será para vosotros cosa santísima.
El perfume que hagas con esa composición no lo haréis para vuestro uso; lo tendrás por cosa sagrada para Yahveh.
Quien haga otro semejante para olerlo, será excluido de su pueblo.»