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El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.

Éxodo

Capítulo 32 — EL BECERRO DE ORO Y LA RENOVACIÓN DE LA ALIANZA

1

Viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar del monte, se amotinó alrededor de Aarón y le dijo: «Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, porque a ese Moisés, el hombre que nos sacó del país de Egipto, no sabemos qué le ha pasado.»

2

Aarón les respondió: «Quitad los pendientes de oro que tienen vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestras hijas, y traédmelos.»

3

Todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que tenían puestos y se los trajeron a Aarón.

4

El los recibió de las manos de ellos, le dio forma con un buril e hizo un becerro de fundición. Entonces dijeron: «¡Estos son tus dioses, Israel, los que te sacaron del país de Egipto!»

5

Viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro y proclamó en alta voz: «Mañana será fiesta para Yahveh.»

6

Al día siguiente se levantaron temprano, ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de comunión; luego se sentó el pueblo a comer y beber, y después se levantaron para divertirse.

7

Entonces Yahveh dijo a Moisés: «Anda, baja, porque tu pueblo, el que has sacado del país de Egipto, se ha pervertido.

8

No han tardado en apartarse del camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro de fundición, se han postrado ante él, le han ofrecido sacrificios y han dicho: "¡Estos son tus dioses, Israel, los que te sacaron del país de Egipto!"»

9

Y dijo Yahveh a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.

10

Pues déjame que se encienda mi ira contra ellos y los devore; pero de ti haré una gran nación.»

11

Moisés aplacó a Yahveh, su Dios, diciendo: «¿Por qué, Yahveh, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú has sacado del país de Egipto con gran poder y mano fuerte?

12

¿Por qué han de decir los egipcios: "Con malicia los sacó, para matarlos en los montes y exterminarlos de la faz de la tierra"? Apacigua el ardor de tu ira y arrepiéntete del mal que quieres causar a tu pueblo.

13

Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel, tus siervos, a quienes juraste por ti mismo, diciéndoles: "Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado la daré a vuestra descendencia, que la poseerá para siempre."»

14

Entonces Yahveh se arrepintió del mal que había dicho que haría a su pueblo.

15

Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano, tablas escritas por ambas caras; escritas estaban de un lado y de otro.

16

Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

17

Josué oyó el clamor del pueblo que gritaba, y dijo a Moisés: «Hay voces de guerra en el campamento.»

18

Pero él respondió: «No son voces de guerra, ni alaridos de derrota; lo que oigo son cantos.»

19

Y sucedió que cuando Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y las danzas, se encendió su ira, y arrojó de sus manos las tablas, rompiéndolas al pie del monte.

20

Tomó luego el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo, y esparció este polvo sobre el agua, e hizo que los israelitas la bebieran.

21

Después dijo Moisés a Aarón: «¿Qué te ha hecho este pueblo, que has echado sobre él tan gran pecado?»

22

Aarón respondió: «No se encienda la ira de mi señor; tú conoces a este pueblo, que es inclinado al mal.

23

Ellos me dijeron: "Haznos un dios que vaya delante de nosotros, porque a ese Moisés, el hombre que nos sacó del país de Egipto, no sabemos qué le ha pasado."

24

Yo les respondí: "Quien tenga oro, que lo quite de sí." Me lo dieron, lo eché al fuego, y salió este becerro.»

25

Vio Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había desenfrenado, exponiéndolo a la irrisión de sus enemigos.

26

Se puso Moisés a la puerta del campamento y dijo: «¡Quien esté por Yahveh, venga a mí!» Y se le reunieron todos los hijos de Leví.

27

El les dijo: «Así ha dicho Yahveh, el Dios de Israel: Ceñid cada uno la espada al costado; recorred el campamento de puerta a puerta, y matad cada uno a su hermano, cada uno a su amigo, cada uno a su pariente.»

28

Los hijos de Leví ejecutaron la orden de Moisés; y aquel día cayeron del pueblo unos tres mil hombres.

29

Moisés dijo: «Hoy os habéis investido del sacerdocio para con Yahveh, cada uno a costa de su hijo o de su hermano; y él os concede hoy la bendición.»

30

Al día siguiente dijo Moisés al pueblo: «Habéis cometido un grave pecado; pero ahora subiré a Yahveh; quizá obtenga el perdón de vuestro pecado.»

31

Volvió, pues, Moisés a Yahveh, y dijo: «¡Ah, este pueblo ha cometido un grave pecado, haciéndose un dios de oro!

32

Pero ahora, si tú perdonas su pecado...; si no, ráeme de tu libro que has escrito.»

33

Yahveh respondió a Moisés: «Al que haya pecado contra mí, ése raeré de mi libro.

34

Ahora pues, ve y conduce al pueblo adonde te he dicho. Mi Ángel irá delante de ti; mas el día de mi castigo, los castigaré por su pecado.»

35

E hirió Yahveh al pueblo, por haber hecho el becerro de Aarón.

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