El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 4
Respondió Moisés: «Pero mira, no me creerán ni escucharán mi voz, porque dirán: "No se te ha aparecido Yahveh."»
El Señor le dijo: «¿Qué es eso que tienes en la mano?» «Un bastón», respondió él.
«Tíralo a tierra»; lo tiró a tierra y se convirtió en una serpiente. Moisés huyó de ella.
Dijo Yahveh a Moisés: «Alarga tu mano y agárrala por la cola.» Alargó la mano y la agarró, y volvió a ser bastón en su mano.
«Esto es para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
Y añadió Yahveh: «Mete tu mano en el seno.» Metió su mano en el seno y, cuando la sacó, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve.
«Vuelve a meter tu mano en el seno.» Volvió a meter la mano en el seno, y cuando la sacó, estaba de nuevo como el resto de su carne.
«Pues bien, si no te creen ni atienden a la señal primera, creerán a la señal segunda.
Si todavía no creen a estas dos señales y no escuchan tu voz, toma agua del Río, derrámala en tierra firme, y el agua que tomes del Río se convertirá en sangre en la tierra firme.»
Dijo Moisés a Yahveh: «¡Por favor, Señor! No soy hombre de mucha palabra; lo he sido ayer y antes de ayer, y aun después que has hablado a tu siervo; pues soy torpe de boca y de lengua.»
Yahveh le dijo: «¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
Pues ahora, ve: yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar.»
El replicó: «¡Por favor, Señor! Envía, por tu encargo, a quien puedas enviar.»
Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y dijo: «¿No está ahí tu hermano Aarón, el levita? Sé que él hablará bien. Además, él mismo viene a tu encuentro y al verte se alegrará en su corazón.
Le hablarás tú y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
El hablará por ti al pueblo; él será para ti la boca, y serás para él como un dios.
Tomaste en tu mano este bastón; con él has de hacer las señales.»
Marchó Moisés, volvió a casa de su suegro Jetró, y le dijo: «Déjame ir, por favor, y volver a mis hermanos que están en Egipto, a ver si viven todavía.» Jetró dijo a Moisés: «Vete en paz.»
Dijo Yahveh a Moisés en Madián: «Vuelve a Egipto, porque han muerto ya todos los que buscaban tu vida.»
Tomó Moisés a su mujer y a sus hijos, los montó en un asno y emprendió el viaje de vuelta a Egipto. Tomó también el bastón de Dios en su mano.
Dijo Yahveh a Moisés: «Cuando hayas vuelto a Egipto, mira todos los portentos que he puesto en tu mano; hazlos ante Faraón. Pero yo haré obstinado su corazón, y no dejará al pueblo.
Entonces dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
Yo te he dicho: Deja partir a mi hijo para que me dé culto. Como te has negado a dejarlo partir, mira que voy a matar a tu hijo, a tu primogénito.»
Sucedió en el camino, en una estación del pernocta, que Yahveh salió a su encuentro y quiso darle muerte.
Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo y se lo arrojó a los pies, diciendo: «¡Serás para mí un esposo de sangre!»
Y Yahveh le dejó. Ella dijo: «Un esposo de sangre por la circuncisión.»
Dijo Yahveh a Aarón: «Ve al encuentro de Moisés, hacia el desierto.» Fue, le encontró en la montaña de Dios, y le besó.
Moisés contó a Aarón todas las palabras de Yahveh que le había mandado, y todas las señales que le había prescrito.
Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
Aarón contó todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés e hizo las señales ante los ojos del pueblo.
Y el pueblo creyó. Supieron que Yahveh había visitado a los israelitas y que había visto su aflicción, y se postraron y adoraron.