El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.
Éxodo
Capítulo 5 — LAS PLAGAS DE EGIPTO
Después, Moisés y Aarón fueron y dijeron a Faraón: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel: "Deja partir a mi pueblo para que celebren una fiesta en mi honor en el desierto."»
Pero Faraón respondió: «¿Quién es Yahveh para que yo escuche su voz y deje partir a Israel? No conozco a Yahveh, ni tampoco dejaré partir a Israel.»
Ellos dijeron: «El Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro. Permítenos, pues, ir tres días de camino por el desierto y sacrificar a Yahveh, nuestro Dios; no sea que nos castigue con peste o con espada.»
El rey de Egipto les dijo: «Moisés y Aarón, ¿por qué distraéis al pueblo de sus obras? Id a vuestras faenas.»
Dijo también Faraón: «Ahora que el pueblo del país es numeroso, ¿vais a hacerle cesar en sus faenas?»
El mismo día mandó Faraón a los capataces del pueblo y a sus jefes:
«No daréis ya paja al pueblo para fabricar los ladrillos, como antes; que ellos mismos vayan a recoger la paja.
Les impondréis la misma cantidad de ladrillos que hacían antes, sin disminuir nada; porque son unos holgazanes, y por eso gritan: "Vamos a sacrificar a nuestro Dios."
Agrávíese el trabajo de esos hombres; que estén ocupados en él y no presten atención a palabras engañosas.»
Salieron, pues, los capataces del pueblo y sus jefes y dijeron al pueblo: «Así ha dicho Faraón: "No os doy paja."»
Id vosotros a tomar paja donde la halléis; pero no se disminuirá nada de vuestra tarea.»
Se dispersó el pueblo por todo el país de Egipto a rastrojar rastrojo en vez de paja.
Los capataces les apremiaban, diciendo: «Completad vuestra tarea, la tarea de cada día, como cuando había paja.»
Y fueron azotados los jefes de los israelitas, los que los capataces de Faraón habían puesto al frente de ellos, diciéndoles: «¿Por qué no habéis completado, como antes, la tarea de vuestros ladrillos, ni ayer ni hoy?»
Los jefes de los israelitas fueron a quejarse a Faraón diciendo: «¿Por qué tratas así a tus siervos?
No se da paja a tus siervos, y se nos dice: "Haced ladrillos." Y mira que a tus siervos se les ha azotado, siendo la falta de tu mismo pueblo.»
El respondió: «Sois unos holgazanes, unos holgazanes; por eso andáis diciendo: "Vamos a sacrificar a Yahveh."
Ahora, pues, id a trabajar; paja no se os dará, y habéis de entregar la misma cantidad de ladrillos.»
Se vieron los jefes de los israelitas en un aprieto, al decirles: «No se disminuirá nada de la tarea diaria de ladrillos.»
Al salir de la presencia de Faraón, se encontraron a Moisés y a Aarón, que estaban esperándoles,
y les dijeron: «Mire Yahveh por vosotros y juzgue, por cuanto nos habéis hecho odiosos a los ojos de Faraón y a los ojos de sus servidores, poniendo la espada en sus manos para que nos maten.»
Se volvió Moisés a Yahveh y dijo: «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Por qué me has enviado?
Desde que fui a Faraón para hablar en tu nombre, maltrata a este pueblo, y tú no has librado a tu pueblo.»