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El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco y narra la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto, la entrega de la Ley en el monte Sinaí y la construcción del Tabernáculo. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas, aunque existen diferencias en la numeración de algunos versículos, especialmente en los capítulos 7 y 8.

Éxodo

Capítulo 8

1

Dijo Yahveh a Moisés: «Ve a presentarte a Faraón y dile: Así dice Yahveh: Deja partir a mi pueblo para que me dé culto.

2

Si te niegas a dejarlos partir, voy a herir con ranas todo tu territorio.

3

El Río hervirá de ranas; saldrán y entrarán en tu casa, en la alcoba de tu lecho, sobre tu lecho, en casa de tus servidores y de tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.

4

Por ti, por tus servidores y por todo tu pueblo, saltarán las ranas.»

5

Dijo Yahveh a Moisés: «Di a Aarón: Extiende tu mano con tu bastón sobre los ríos, los canales y las lagunas, y haz subir las ranas sobre el país de Egipto.»

6

Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron las ranas y cubrieron el país de Egipto.

7

Lo mismo hicieron los magos con sus encantamientos; hicieron subir ranas sobre el país de Egipto.

8

Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: «Rogad a Yahveh que aleje las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré partir al pueblo para que sacrifiquen a Yahveh.»

9

Dijo Moisés a Faraón: «Tendré a bien indicarme para cuándo he de rogar por ti, por tus servidores y por tu pueblo, para que sean exterminadas las ranas de tu casa y sólo queden en el Río.»

10

El dijo: «Para mañana.» Y añadió: «Sea conforme a tu palabra, para que sepas que no hay otro como Yahveh, nuestro Dios.

11

Las ranas se apartarán de ti, de tu casa, de tus servidores y de tu pueblo; sólo quedarán en el Río.»

12

Moisés y Aarón salieron de la presencia de Faraón. Y Moisés clamó a Yahveh por lo de las ranas de que había agraviado a Faraón.

13

Yahveh hizo conforme a la palabra de Moisés: murieron las ranas en las casas, en los patios y en los campos.

14

Las amontonaron en montones, y apestó el país.

15

Viendo Faraón que había respiro, endureció su corazón y no les escuchó, como había dicho Yahveh.

16

Dijo Yahveh a Moisés: «Di a Aarón: Extiende tu bastón y golpea el polvo de la tierra, y se convertirá en mosquitos por todo el país de Egipto.»

17

Lo hicieron así. Aarón extendió su mano con su bastón, golpeó el polvo de la tierra, y hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos en todo el país de Egipto.

18

Los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos para producir mosquitos, pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos sobre los hombres y sobre los animales.

19

Entonces los magos dijeron a Faraón: «Es el dedo de Dios.» Pero se obstinó el corazón de Faraón y no les escuchó, como había dicho Yahveh.

20

Dijo Yahveh a Moisés: «Levántate de mañana temprano y preséntate a Faraón cuando él salga hacia las aguas, y dile: Así dice Yahveh: Deja partir a mi pueblo para que me dé culto.

21

Si no dejas partir a mi pueblo, voy a enviar sobre ti, sobre tus servidores, sobre tu pueblo y sobre tus casas, tábanos; y se llenarán de tábanos las casas de los egipcios y aun el suelo donde están.

22

Pero aquel día trataré con excepción la tierra de Gosen, donde reside mi pueblo, de modo que allí no haya tábanos, para que sepas que yo, Yahveh, estoy en medio de esta tierra.

23

Pondré una distinción entre mi pueblo y el tuyo. Esta señal será mañana.»

24

Y así lo hizo Yahveh. Vinieron densísimos enjambres de tábanos a casa de Faraón y de sus servidores, y por todo el país de Egipto. El país quedó devastado por los tábanos.

25

Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: «Id a sacrificar a vuestro Dios dentro del país.»

26

Moisés contestó: «No conviene hacer así, porque lo que vamos a sacrificar a Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. Si sacrificamos ante sus ojos lo que es abominación para los egipcios, ¿no nos apedrearían?

27

Hemos de ir tres días de camino por el desierto, a sacrificar a Yahveh, nuestro Dios, como él nos ha mandado.»

28

Dijo Faraón: «Yo os dejaré partir, a fin de que sacrifiquéis a Yahveh, vuestro Dios, en el desierto; pero no vayáis muy lejos. Rogad por mí.»

29

Moisés respondió: «En cuanto salga de tu presencia, rogaré a Yahveh, y mañana se apartarán los tábanos de Faraón, de sus servidores y de su pueblo. Solamente que no obre ya más Faraón con engaño, dejando de dejar partir al pueblo a sacrificar a Yahveh.»

30

Salió Moisés de la presencia de Faraón y rogó a Yahveh.

31

Yahveh hizo conforme a la palabra de Moisés: apartó los tábanos de Faraón, de sus servidores y de su pueblo; no quedó uno solo.

32

Mas también esta vez endureció Faraón su corazón, y no dejó partir al pueblo.

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