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El libro de Daniel en su versión extendida incluye las adiciones deuterocanónicas reconocidas por la tradición católica y ortodoxa: el Cantico de los Tres Jóvenes (insertado en el capítulo 3 después del versículo 23), la Historia de Susana (capítulo 13) y Bel y el Dragón (capítulo 14).

Daniel

Capítulo 10

1

En el año tercero de Ciro, rey de Persia, fue revelada una palabra a Daniel, llamado Beltsasar; palabra verdadera, que habla de una gran guerra. Él comprendió la palabra y tuvo inteligencia en la visión.

2

En aquel tiempo, yo, Daniel, estuve de luto durante tres semanas.

3

No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas.

4

El día veinticuatro del primer mes, estando yo a la orilla del gran río, que es el Tigris,

5

alcé mis ojos y miré, y he aquí un hombre vestido de lino, con los lomos ceñidos de oro de Ufaz;

6

su cuerpo era como de crisólito, su rostro como un relámpago, sus ojos como teas de fuego, sus brazos y sus pies como de bronce bruñido, y la voz de sus palabras como la voz de una multitud.

7

Sólo yo, Daniel, vi la visión; los hombres que estaban conmigo no vieron la visión, pero cayó sobre ellos un gran temblor, y huyeron a esconderse.

8

Quedé yo solo, contemplando esta gran visión: no quedó fuerza en mí, mi color se trocó en descomposición y no conservé fuerza alguna.

9

Y oí la voz de sus palabras, y al oír la voz de sus palabras, caí dormido sobre mi rostro, con el rostro en tierra.

10

De pronto, una mano me tocó e hizo que me incorporase sobre mis rodillas y las palmas de mis manos.

11

Y me dijo: «Daniel, hombre muy querido, presta atención a las palabras que te voy a decir, y mantente en pie, porque ahora he sido enviado a ti.» Al decirme esto, me mantuve en pie temblando.

12

Continuó diciéndome: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que aplicaste tu corazón a comprender y a humillarte en presencia de tu Dios, tus palabras han sido oídas, y yo he venido a causa de tus palabras.

13

El príncipe del reino de Persia me ha resistido veintiún días, pero he aquí Miguel, uno de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, y yo quedé allí junto a los reyes de Persia.

14

He venido para que entiendas lo que va a suceder a tu pueblo en los últimos días, porque la visión es aún para días lejanos.»

15

Mientras me decía estas palabras, mantuve la vista baja hacia el suelo, y enmudecí.

16

Pero he aquí uno con aspecto de hijo de hombre me tocó los labios; abrí la boca y hablé y dije al que estaba delante de mí: «Señor mío, por causa de la visión me han sobrevenido dolores, y no me quedan fuerzas.

17

¿Cómo podría yo, siervo de mi señor, hablar con mi señor? Ahora no me queda fuerza, y me falta aun el aliento.»

18

Entonces aquel ser de aspecto humano volvió a tocarme y me confortó.

19

Me dijo: «No temas, hombre muy querido, la paz sea contigo; anímate y sé fuerte.» Cuando me habló, me sentí fortalecido y dije: «Hable mi señor, porque me has confortado.»

20

Dijo entonces: «¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora he de volver a luchar contra el príncipe de Persia. Apenas haya yo salido, sucederá que el príncipe de Grecia vendrá.

21

Pero te voy a declarar lo que está escrito en el libro de la verdad. Y no hay ninguno que me apoye contra ellos, sino Miguel, vuestro príncipe.»

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