El libro de Números (במדבר, Bemidbar, 'En el desierto') es el cuarto libro del Pentateuco. Es considerado canónico por todas las tradiciones cristianas y judías. El nombre en español 'Números' proviene de la Vulgata (Numeri), en referencia a los dos censos del pueblo de Israel que en él se describen.
Números
Capítulo 11
El pueblo empezó a quejarse amargamente a oídos de Yahveh. Yahveh lo oyó, y su ira se encendió, y ardió contra ellos el fuego de Yahveh, y devoró la parte extrema del campamento.
Entonces el pueblo dio voces a Moisés, y Moisés oró a Yahveh, y el fuego se apagó.
Y llamó a aquel lugar Taberá, porque el fuego de Yahveh ardió contra ellos.
La gente menuda que había en medio de ellos se dejó llevar del deseo, y los israelitas también volvieron a lamentarse y decían: «¡Quién nos diera comer carne!
Nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos.
Ahora, en cambio, nuestra garganta se seca; nada ven nuestros ojos sino este maná.»
El maná era como semilla de culantro, y su aspecto como de bedelio.
El pueblo se esparcía para recogerlo, lo molían en molino o lo majaban en mortero, lo cocían en la olla y hacían de él tortas; su sabor era como de tortas de aceite.
Cuando caía el rocío de noche sobre el campamento, también caía el maná.
Moisés oyó que el pueblo, por familias, lloraba cada uno a la entrada de su tienda; y la ira de Yahveh se encendió en gran manera, y también a Moisés le pareció mal.
Y dijo Moisés a Yahveh: «¿Por qué has tratado mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia a tus ojos, para que hayas puesto sobre mí la carga de todo este pueblo?
¿Acaso he concebido yo a todo este pueblo, o yo lo he dado a luz, para que me digas: "Llévalo en tu seno, como lleva la nodriza al niño de pecho", hasta la tierra que juraste a sus padres?
¿De dónde sacaré yo carne para darla a todo este pueblo, que viene llorando a mí diciendo: "Danos carne para comer"?
Yo solo no puedo sostener a todo este pueblo, porque es mucha carga para mí.
Si así me has de tratar, mátame, por favor, si he hallado gracia a tus ojos, y no vea yo mi desgracia.»
Yahveh respondió a Moisés: «Reúneme setenta hombres de los ancianos de Israel, de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus jefes; los traerás a la Tienda del Encuentro, y se presentarán allí contigo.
Yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.
Dirás al pueblo: "Purificaos para mañana, y comeréis carne, porque habéis llorado a oídos de Yahveh, diciendo: ¡Quién nos diera comer carne! Mejor nos iba en Egipto. Yahveh os dará carne, y comeréis.
No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días,
sino un mes entero, hasta que os salga por las narices y os llegue a ser abominable; por cuanto despreciasteis a Yahveh que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él diciendo: ¿Por qué salimos de Egipto?"
Moisés dijo: «Seiscientos mil hombres de a pie hay en este pueblo, y tú dices: "Os daré carne, y comeréis un mes entero".
¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿O se reunirá para ellos todo el pescado del mar que les baste?»
Yahveh respondió a Moisés: «¿Acaso la mano de Yahveh se ha acortado? Ahora verás si mi palabra se cumple o no.»
Moisés salió y dijo al pueblo las palabras de Yahveh; reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo, y los puso alrededor de la Tienda.
Entonces Yahveh descendió en la nube y le habló; tomó del espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos. Y sucedió que, cuando el espíritu reposó sobre ellos, profetizaron; pero no volvieron a hacerlo.
Habían quedado en el campamento dos hombres, uno llamado Eldad y el otro Medad; y el espíritu reposó sobre ellos (ellos estaban entre los inscritos, pero no habían ido a la Tienda), y profetizaron en el campamento.
Un joven corrió a anunciar a Moisés, diciendo: «Eldad y Medad profetizan en el campamento.»
Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés desde su juventud, tomó la palabra y dijo: «Señor mío, Moisés, impídeselo.»
Moisés le respondió: «¿Estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo de Yahveh fuera profeta, porque Yahveh pondría su espíritu sobre ellos!»
Moisés se retiró al campamento, con los ancianos de Israel.
Un viento que salió de Yahveh levantó codornices del mar y las dejó caer sobre el campamento, a un día de camino a un lado y a un día de camino al otro, alrededor del campamento, a una altura de dos codos sobre la superficie de la tierra.
El pueblo estuvo todo aquel día, toda la noche y todo el día siguiente, recogiendo codornices; el que menos recogió, recogió diez homeres; y las tendieron para sí alrededor del campamento.
Todavía estaba la carne entre sus dientes, antes que la hubiesen masticado, cuando la ira de Yahveh se encendió contra el pueblo, e hirió Yahveh al pueblo con una plaga muy grande.
Y llamó aquel lugar Kibrot-Taavá, porque allí enterraron a la gente que había sido dominada por el deseo.
De Kibrot-Taavá partió el pueblo hacia Jaselot, y se detuvo en Jaselot.