El libro de Números (במדבר, Bemidbar, 'En el desierto') es el cuarto libro del Pentateuco. Es considerado canónico por todas las tradiciones cristianas y judías. El nombre en español 'Números' proviene de la Vulgata (Numeri), en referencia a los dos censos del pueblo de Israel que en él se describen.
Números
Capítulo 14
Entonces toda la comunidad se puso a gritar, y el pueblo lloró aquella noche.
Todos los israelitas murmuraron contra Moisés y contra Aarón, y les dijo toda la comunidad: «¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto, o al menos en este desierto!»
«¿Por qué nos trae Yahveh a esta tierra para caer a espada, para que nuestras mujeres y nuestros niños sean presa? ¿No nos sería mejor volver a Egipto?»
Y se decían unos a otros: «¡Designemos un jefe y volvamos a Egipto!»
Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la asamblea de la comunidad de los israelitas.
Y Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefunné, que estaban entre los que habían explorado la tierra, rasgaron sus vestiduras,
y dijeron a toda la comunidad de los israelitas: «La tierra que recorrimos para explorarla es una tierra muy, muy buena.
Si Yahveh se complace en nosotros, nos hará entrar en ella y nos dará la tierra que mana leche y miel.
Solamente no os rebeléis contra Yahveh, y no temáis al pueblo de esa tierra, porque serán nuestro pan; su protección se ha apartado de ellos, y Yahveh está con nosotros. ¡No les tengáis miedo!»
Toda la comunidad hablaba de apedrearlos, cuando la gloria de Yahveh se apareció en la Tienda del Encuentro a todos los israelitas.
Y dijo Yahveh a Moisés: «¿Hasta cuándo me ha de despreciar este pueblo? ¿Hasta cuándo no van a creer en mí, a pesar de todas las señales que he realizado en medio de ellos?
Voy a herirlos con la peste y a desposeerlos; y de ti haré una nación más grande y más poderosa que ellos.»
Moisés respondió a Yahveh: «Pero los egipcios se han enterado de que tú, con tu poder, has sacado a este pueblo de en medio de ellos,
y lo han dicho a los habitantes de esta tierra. Han oído que tú, Yahveh, estás en medio de este pueblo, que te dejas ver cara a cara, que tu nube está sobre ellos, y que tú vas delante de ellos en columna de nube durante el día, y en columna de fuego durante la noche.
Si haces morir a este pueblo como a un solo hombre, las naciones que han oído tu fama dirán:
Porque no pudo Yahveh introducir a este pueblo en la tierra que les había jurado, los ha matado en el desierto.
¡Ahora, pues, sea grande el poder de mi Señor, como lo has dicho!
Yahveh es tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque no tiene por inocente al culpable, y castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
Perdona, pues, la iniquidad de este pueblo, conforme a la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.»
Yahveh respondió: «Los perdono conforme a tu palabra.
Pero, ¡vive yo!, y la gloria de Yahveh llena toda la tierra,
que ninguno de los hombres que han visto mi gloria y las señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han puesto a prueba ya diez veces, sin escuchar mi voz,
ninguno de ellos verá la tierra que juré a sus padres; ninguno de los que me han despreciado la verá.
Pero a mi siervo Caleb, por haber sido de otro espíritu y haberme seguido plenamente, a él le haré entrar en la tierra donde estuvo, y su descendencia la poseerá.
El amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y partid hacia el desierto, camino del mar Rojo.»
Habló Yahveh a Moisés y a Aarón, diciendo:
«¿Hasta cuándo esta comunidad perversa va a murmurar contra mí? Las murmuraciones de los israelitas contra mí, yo las he oído.
Diles: ¡Vivo yo!, dice Yahveh: así como habéis hablado a mis oídos, así haré con vosotros.
En este desierto caerán vuestros cadáveres; todos vosotros, los registrados, según vuestro censo completo, de veinte años arriba, que habéis murmurado contra mí,
no entraréis en la tierra donde juré haceros habitar, excepto Caleb, hijo de Jefunné, y Josué, hijo de Nun.
A vuestros niños, de quienes dijisteis que serían presa, a ellos los haré entrar, y ellos conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado.
En cuanto a vosotros, vuestros cadáveres caerán en este desierto.
Vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto durante cuarenta años, y llevarán vuestras prostituciones, hasta que caigan vuestros cadáveres en el desierto.
Según el número de los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cada día contará por un año: llevaréis vuestras culpas durante cuarenta años, y conoceréis mi hostilidad.
Yo, Yahveh, he hablado: así haré con toda esta comunidad perversa, que se ha confabulado contra mí; en este desierto serán consumidos, y allí morirán.»
Los hombres que Moisés había enviado a explorar la tierra, y que al volver hicieron murmurar contra él a toda la comunidad, difundiendo un mal informe de la tierra,
esos hombres murieron de una plaga delante de Yahveh.
Solamente Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefunné, quedaron con vida entre aquellos hombres que habían ido a explorar la tierra.
Moisés dijo estas palabras a todos los israelitas, y el pueblo hizo gran duelo.
Se levantaron de mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: «Aquí estamos; subiremos al lugar que Yahveh ha dicho, porque hemos pecado.»
Moisés dijo: «¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Yahveh? Eso no tendrá éxito.
No subáis, porque Yahveh no está en medio de vosotros; no seáis derrotados por vuestros enemigos.
Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis apartado de Yahveh, Yahveh no estará con vosotros.»
Ellos, sin embargo, porfilaron en subir a la cumbre del monte; pero el arca de la alianza de Yahveh y Moisés no se movieron del campamento.
Entonces el amalecita y el cananeo que habitaban en aquella montaña bajaron, los derrotaron y los desbarataron hasta Jormá.