El libro de Números (במדבר, Bemidbar, 'En el desierto') es el cuarto libro del Pentateuco. Es considerado canónico por todas las tradiciones cristianas y judías. El nombre en español 'Números' proviene de la Vulgata (Numeri), en referencia a los dos censos del pueblo de Israel que en él se describen.
Números
Capítulo 16
Coré, hijo de Yishar, hijo de Quehat, hijo de Leví, tomó a Datán y Abiram, hijos de Eliab, y a On, hijo de Pélet, de los hijos de Rubén,
y se rebelaron contra Moisés, junto con doscientos cincuenta hombres de los israelitas, jefes de la comunidad, convocados a la asamblea, hombres de renombre.
Se amotinaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: «¡Basta ya! Porque toda la comunidad, todos ellos son santos, y Yahveh está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la asamblea de Yahveh?»
Cuando Moisés oyó esto, cayó sobre su rostro.
Y habló a Coré y a toda su facción, diciendo: «Mañana por la mañana Yahveh dará a conocer quién es suyo y quién es el santo, y a quién admite ante sí; a quien él escoja, lo admitirá ante sí.
Haced esto: tomaos incensarios, vosotros, Coré y toda tu facción.
Poned fuego en ellos y poned incienso sobre ellos mañana delante de Yahveh; el hombre a quien Yahveh escoja, ese será el santo. ¡Basta ya, hijos de Leví!»
Y dijo Moisés a Coré: «Escuchad, hijos de Leví:
¿Os parece poco que el Dios de Israel os haya apartado de la comunidad de Israel, haciéndoos acercar a él para el servicio de la Morada de Yahveh, para estar al servicio de la comunidad y para ministrar delante de ella?
Te ha acercado a ti y a todos tus hermanos, los hijos de Leví, y ¿buscáis ahora también el sacerdocio?
Por tanto, tú y toda tu facción estáis confabulados contra Yahveh; porque Aarón, ¿quién es para que murmuréis contra él?»
Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab; pero ellos dijeron: «No subiremos.
¿Te parece poco el habernos sacado de una tierra que mana leche y miel para matarnos en el desierto, que además quieras tiranizarnos?
Tampoco nos has traído a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado en heredad campos ni viñas. ¿Le sacarás los ojos a estos hombres? No subiremos.»
Moisés se enojó mucho y dijo a Yahveh: «No aceptes su ofrenda. Ni un solo asno he tomado de ellos, ni he hecho mal a ninguno.»
Moisés dijo a Coré: «Tú y toda tu facción presentaos mañana delante de Yahveh: tú, ellos y Aarón.
Cada uno tome su incensario, ponga incienso en él, y presentad delante de Yahveh cada cual su incensario: doscientos cincuenta incensarios; también tú y Aarón, cada cual su incensario.»
Cada uno tomó su incensario, pusieron fuego en ellos y echaron incienso, y se presentaron a la entrada de la Tienda del Encuentro con Moisés y Aarón.
Y Coré reunió contra ellos a toda la comunidad a la entrada de la Tienda del Encuentro; entonces la gloria de Yahveh se apareció a toda la comunidad.
Yahveh habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
«Separaos de en medio de esta comunidad, y los consumiré en un instante.»
Ellos cayeron sobre sus rostros y dijeron: «¡Oh Dios, Dios de los espíritus de toda carne! Si un solo hombre peca, ¿te has de airar contra toda la comunidad?»
Yahveh respondió a Moisés:
«Habla a la comunidad, diciendo: Apartaos de alrededor de la Morada de Coré, Datán y Abiram.»
Moisés se levantó y fue hacia Datán y Abiram, seguido de los ancianos de Israel.
Y habló a la comunidad, diciendo: «Apartaos, os ruego, de las tiendas de estos hombres perversos, y no toquéis nada de lo que les pertenece, no sea que perezcáis por todos sus pecados.»
Ellos se apartaron de alrededor de la Morada de Coré, Datán y Abiram; y Datán y Abiram salieron y se pusieron a la entrada de sus tiendas con sus mujeres, sus hijos y sus pequeños.
Moisés dijo: «En esto conoceréis que Yahveh me ha enviado para hacer todas estas cosas, y que no lo hago de mi propia voluntad:
Si éstos mueren como mueren todos los hombres, y les alcanza la suerte común a todos los hombres, entonces Yahveh no me ha enviado.
Pero si Yahveh hace algo nuevo, y la tierra abre su boca y los traga con todo lo suyo, y bajan vivos al seol, entonces sabréis que esos hombres han despreciado a Yahveh.»
Sucedió que, cuando terminó de hablar todas estas palabras, la tierra se abrió debajo de ellos.
La tierra abrió su boca y los tragó con sus familias, y a todos los que estaban con Coré, con todos sus bienes.
Bajaron ellos con todo lo suyo vivos al seol, la tierra los cubrió, y perecieron en medio de la asamblea.
Todos los israelitas que estaban alrededor de ellos huyeron al oír los gritos, diciendo: «No sea que nos trague a nosotros la tierra.»
Un fuego salió de Yahveh y devoró a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso.
Y habló Yahveh a Moisés, diciendo:
«Di a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que recoja los incensarios de entre las brasas y que esparza el fuego lejos; porque los incensarios son santos.
En cuanto a los incensarios de esos que pecaron contra su propia vida, que se hagan de ellos láminas para cubrir el altar, porque los presentaron delante de Yahveh y son santos; y servirán de señal a los israelitas.»
El sacerdote Eleazar recogió los incensarios de bronce que habían presentado los que fueron quemados, y los convirtieron en láminas para cubrir el altar,
como memorial para los israelitas, a fin de que ningún extraño, que no sea de la descendencia de Aarón, se acerque a quemar incienso delante de Yahveh, para que no sea como Coré y su facción, según Yahveh le había dicho por medio de Moisés.
Al día siguiente, toda la comunidad de los israelitas murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: «Vosotros habéis matado al pueblo de Yahveh.»
Cuando se reunió la comunidad contra Moisés y Aarón, se volvieron hacia la Tienda del Encuentro; y he aquí que la nube la cubrió, y se apareció la gloria de Yahveh.
Moisés y Aarón vinieron a la entrada de la Tienda del Encuentro.
Y Yahveh habló a Moisés, diciendo:
«Apartaos de en medio de esta comunidad, y los consumiré en un instante.» Ellos cayeron sobre sus rostros.
Moisés dijo a Aarón: «Toma tu incensario, pon fuego del altar en él, echa incienso, y llévalo pronto a la comunidad y haz expiación por ellos, porque la ira ha salido de delante de Yahveh, ha comenzado la plaga.»
Aarón tomó el incensario, como Moisés había dicho, corrió en medio de la asamblea, y ya había comenzado la plaga en el pueblo. Puso incienso e hizo expiación por el pueblo.
Se puso entre los muertos y los vivos, y la plaga cesó.
Los que murieron por aquella plaga fueron catorce mil setecientos, sin contar los que murieron por el caso de Coré.
Aarón volvió donde Moisés, a la entrada de la Tienda del Encuentro, una vez que la plaga había cesado.