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El libro de Números (במדבר, Bemidbar, 'En el desierto') es el cuarto libro del Pentateuco. Es considerado canónico por todas las tradiciones cristianas y judías. El nombre en español 'Números' proviene de la Vulgata (Numeri), en referencia a los dos censos del pueblo de Israel que en él se describen.

Números

Capítulo 24

1

Vio Balaam que parecía bien a los ojos de Yahveh bendecir a Israel, y no fue como las otras veces a buscar augurios, sino que volvió su rostro hacia el desierto.

2

Alzó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por tribus; y vino sobre él el espíritu de Dios.

3

Entonces pronunció su poema, diciendo: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos abiertos,

4

oráculo del que oye las palabras de Dios, del que ve la visión del Todopoderoso, postrado, pero con los ojos abiertos.

5

¡Qué hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel!

6

Se extienden como valles, como jardines junto a un río, como áloes plantados por Yahveh, como cedros junto a las aguas.

7

Brota agua de sus cubos, su simiente tiene agua abundante. Su rey se alza más que Agag, su reino es exaltado.

8

Dios los ha sacado de Egipto; para ellos es como la fuerza del búfalo. Devorará a las naciones enemigas, triturará sus huesos y las traspasará con sus saetas.

9

Se encorva, se echa como león, como leona: ¿quién lo hará levantar? Benditos los que te bendigan, malditos los que te maldigan.»

10

La ira de Balac se encendió contra Balaam, y batiendo sus palmas, dijo a Balaam: «Te he llamado para que maldigas a mis enemigos, y tú los has bendecido ya tres veces.

11

Ahora huye a tu lugar. Yo había dicho que te colmaría de honores, pero Yahveh te ha privado de ellos.»

12

Balaam respondió a Balac: «¿No había yo dicho también a tus mensajeros:

13

"Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no podría traspasar la orden de Yahveh para hacer cosa buena o mala por mi propia voluntad; lo que Yahveh me diga, eso diré"?

14

Ahora, pues, me voy a mi pueblo; ven, te aconsejaré lo que este pueblo hará a tu pueblo en los últimos días.»

15

Entonces pronunció su poema, diciendo: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos abiertos,

16

oráculo del que oye las palabras de Dios, del que conoce la ciencia del Altísimo, del que ve la visión del Todopoderoso, postrado, pero con los ojos abiertos.

17

Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca. Una estrella surge de Jacob, un cetro se levanta de Israel; aplastará las sienes de Moab, y destrozará la frente de todos los hijos de Set.

18

Edom será conquistado, Seír será conquistado por sus enemigos; mientras que Israel hará proezas.

19

De Jacob dominará uno, exterminará del pueblo lo que quede de las ciudades.»

20

Vio a Amalec, y pronunció su poema, diciendo: «Amalec es la primera de las naciones, pero su fin será perecer para siempre.»

21

Vio a los ceneos, y pronunció su poema, diciendo: «Firme está tu morada, y puesto en la peña tu nido;

22

pero será destruido Caín, ¿hasta cuándo te llevará Asur cautivo?»

23

Pronunció su poema, diciendo: «¡Ay! ¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?

24

Naves vendrán de la costa de Quitim, someterán a Asur y someterán a Heber, y también él perecerá para siempre.»

25

Balaam se levantó, se fue y regresó a su lugar; y también Balac siguió su camino.

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