El libro de Números (במדבר, Bemidbar, 'En el desierto') es el cuarto libro del Pentateuco. Es considerado canónico por todas las tradiciones cristianas y judías. El nombre en español 'Números' proviene de la Vulgata (Numeri), en referencia a los dos censos del pueblo de Israel que en él se describen.
Números
Capítulo 31
Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
«Toma venganza de los madianitas por los israelitas; después serás reunido a tu pueblo.»
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Armaos de entre vosotros hombres para la guerra, contra Madián, para ejecutar la venganza de Yahveh contra Madián.
Enviaréis a la guerra mil hombres de cada tribu de todas las tribus de Israel.»
Fueron tomados de los millares de Israel, mil hombres por cada tribu, doce mil armados para la guerra.
Moisés los envió a la guerra, mil de cada tribu, y con ellos a Finees, hijo del sacerdote Eleazar, llevando los utensilios sagrados y las trompetas de alarma en su mano.
Atacaron a Madián, como Yahveh había mandado a Moisés, y mataron a todos los varones.
Mataron además a los reyes de Madián: Evi, Requem, Sur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también mataron a espada a Balaam, hijo de Beor.
Los israelitas hicieron cautivas a las mujeres de Madián y a sus niños, y tomaron como botín todo su ganado, todos sus rebaños y todos sus bienes.
Incendiaron todas las ciudades donde ellos habitaban y todos sus campamentos.
Tomaron todo el botín y todo el despojo, de personas y de animales.
Y llevaron los cautivos, el botín y el despojo a Moisés, al sacerdote Eleazar y a la comunidad de los israelitas, al campamento en las estepas de Moab, junto al Jordán frente a Jericó.
Moisés, el sacerdote Eleazar y todos los jefes de la comunidad salieron a recibirlos fuera del campamento.
Pero Moisés se airó contra los jefes del ejército, jefes de millares y jefes de centenas, que volvían del servicio de la guerra.
Moisés les dijo: «¿Habéis dejado con vida a todas las mujeres?
He aquí que ellas, por consejo de Balaam, fueron causa de que los israelitas se rebelaran contra Yahveh en el asunto de Peor, y vino la plaga sobre la comunidad de Yahveh.
Ahora, pues, matad a todo varón entre los niños, y matad a toda mujer que haya conocido hombre yéndose con varón.
Pero a todas las muchachas que no han conocido varón, dejadlas con vida para vosotros.
Vosotros acampad fuera del campamento siete días; cualquiera que haya matado a alguien y cualquiera que haya tocado a un muerto, se purificará al tercer día y al séptimo día, vosotros y vuestros cautivos.
También purificaréis toda vestidura, todo objeto de piel, todo trabajo de pelo de cabra y todo utensilio de madera.»
El sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que habían ido al combate: «Esta es la ley que Yahveh ha mandado a Moisés:
Solamente el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo,
todo lo que resista el fuego, lo haréis pasar por el fuego, y será puro; pero se purificará además con el agua de purificación. Y todo lo que no resista el fuego, lo haréis pasar por agua.
Lavaréis vuestras vestiduras al séptimo día, y quedaréis puros; después podréis entrar en el campamento.»
Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
«Haz un recuento del botín que se ha tomado, tanto de personas como de animales, tú con el sacerdote Eleazar y los jefes de las casas paternas de la comunidad,
y repartirás el botín por mitades entre los que combatieron en la guerra, que salieron a la campaña, y toda la comunidad.
Y tomarás de la parte de los hombres de guerra que salieron a la campaña, una contribución para Yahveh: uno de cada quinientos, tanto de las personas como de los bueyes, asnos y ovejas.
Lo tomarás de la mitad de ellos, y se lo darás al sacerdote Eleazar como ofrenda reservada a Yahveh.
Y de la mitad correspondiente a los israelitas, tomarás uno de cada cincuenta, tanto de las personas, como de los bueyes, asnos y ovejas, de todo animal, y se los darás a los levitas que tienen la custodia de la Morada de Yahveh.»
Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron como Yahveh había mandado a Moisés.
El botín, resto del despojo que tomaron los hombres de guerra, fue: 675.000 ovejas,
72.000 bueyes,
61.000 asnos,
y 32.000 personas, mujeres que no habían conocido varón.
La mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, fue: 337.500 ovejas,
de las cuales la contribución para Yahveh fue 675 ovejas;
36.000 bueyes, de los cuales la contribución para Yahveh fue 72;
30.500 asnos, de los cuales la contribución para Yahveh fue 61;
16.000 personas, de las cuales la contribución para Yahveh fue 32 personas.
Moisés dio la contribución, la ofrenda reservada a Yahveh, al sacerdote Eleazar, como Yahveh había mandado a Moisés.
De la mitad correspondiente a los israelitas, que Moisés había separado de la de los hombres de guerra,
la mitad del pueblo fue: 337.500 ovejas,
36.000 bueyes,
30.500 asnos,
y 16.000 personas.
De esta mitad correspondiente a los israelitas, Moisés tomó uno de cada cincuenta, tanto de personas como de animales, y se los dio a los levitas que tienen la custodia de la Morada de Yahveh, como Yahveh había mandado a Moisés.
Los jefes de los millares del ejército, jefes de millares y jefes de centenas, se acercaron a Moisés,
y le dijeron: «Tus siervos han hecho el recuento de los hombres de guerra que están bajo nuestras órdenes, y no falta ninguno.
Por eso ofrecemos a Yahveh como ofrenda cada uno lo que ha encontrado: objetos de oro, cadenillas, pulseras, anillos, pendientes y collares, para hacer expiación por nuestras almas delante de Yahveh.»
Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de ellos el oro, todos los objetos trabajados.
Todo el oro de la ofrenda que presentaron a Yahveh los jefes de millares y de centenas fue 16.750 siclos.
Los hombres de guerra habían cogido botín cada uno para sí.
Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de los jefes de millares y de centenas, y lo llevaron a la Tienda del Encuentro como memorial para los israelitas delante de Yahveh.