El libro de Josué es considerado canónico por todas las grandes tradiciones cristianas. En el canon hebreo, es el primero de los « Profetas Anteriores » (Nevi'im Rishonim). Algunos Padres de la Iglesia vieron en Josué una prefiguración de Jesús (cuyo nombre es la forma griega de Josué).
Josué
Capítulo 14
Esto es lo que los israelitas recibieron como herencia en la tierra de Canaán, lo que les repartieron como herencia el sacerdote Eleazar, Josué, hijo de Nun, y los jefes de las casas paternas de las tribus de los israelitas.
El reparto de la herencia se hizo por sorteo entre las nueve tribus y la media tribu, como Yavé lo había ordenado por medio de Moisés.
Porque Moisés había dado la herencia de las dos tribus y de la media tribu al otro lado del Jordán, pero a los levitas no les había dado herencia entre ellos.
Los hijos de José formaban dos tribus: Manasés y Efraín. Y no se dio a los levitas ninguna parte en la tierra, sino solamente ciudades para vivir, con sus pastizales para sus ganados y sus rebaños.
Los israelitas hicieron como Yavé lo había ordenado a Moisés, y así repartieron la tierra.
Los de Judá fueron a presentarse a Josué en Guilgal, y Caleb, hijo de Jefone, el ceneceo, le dijo: «Tú sabes lo que Yavé dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de mí y de ti, en Cadés-Barné.
Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, servidor de Yavé, me envió desde Cadés-Barné a explorar el país, y yo le informé con sinceridad.
Mis hermanos que subieron conmigo desanimaron al pueblo, pero yo permanecí fiel a Yavé, mi Dios.
Aquel día Moisés hizo este juramento: La tierra que pisó tu pie será para ti y para tus hijos como herencia perpetua, porque has permanecido fiel a Yavé, mi Dios.
Pues bien, Yavé me ha conservado con vida, como lo había dicho. Han pasado cuarenta y cinco años desde que Yavé dijo esto a Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto; y ahora tengo ochenta y cinco años.
Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió: tengo el mismo vigor de entonces para el combate, para ir y venir.
Dame, pues, esta montaña de la que Yavé habló aquel día, porque tú mismo oíste entonces que los anaquitas estaban allí, con sus ciudades grandes y fortificadas. Quizá Yavé esté conmigo y los desposeeré, como Yavé lo ha dicho.»
Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefone, y le dio Hebrón como herencia.
Por eso Hebrón perteneció a Caleb, hijo de Jefone, el ceneceo, como herencia hasta el día de hoy, porque él había permanecido fiel a Yavé, Dios de Israel.
Hebrón se llamaba antes Quiriat-Arbá, porque Arbá fue el más grande de los anaquitas. Y el país quedó en paz, sin guerra.