El libro de Josué es considerado canónico por todas las grandes tradiciones cristianas. En el canon hebreo, es el primero de los « Profetas Anteriores » (Nevi'im Rishonim). Algunos Padres de la Iglesia vieron en Josué una prefiguración de Jesús (cuyo nombre es la forma griega de Josué).
Josué
Capítulo 20
Yavé dijo a Josué:
«Di a los israelitas: Designen las ciudades de refugio de que les hablé por medio de Moisés,
para que se pueda refugiar allí el homicida que haya matado a alguien sin querer y sin intención. Ellas les servirán de refugio contra el vengador de la sangre.
El que se refugie en una de esas ciudades se presentará a la puerta de la ciudad y expondrá su caso a los ancianos de esa ciudad; ellos lo recibirán y le darán un lugar para que habite con ellos.
Si el vengador de la sangre lo persigue, no le entregarán al homicida, porque hirió a su prójimo sin intención y no por enemistad anterior.
Quedará en esa ciudad hasta que comparezca ante la comunidad para ser juzgado, y hasta la muerte del sumo sacerdote que esté en aquellos días. Entonces el homicida podrá regresar a su ciudad y a su casa, a la ciudad de donde huyó.»
Así, consagraron a Cedes en Galilea, en la montaña de Neftalí; a Siquem, en la montaña de Efraín; y a Quiriat-Arbá, que es Hebrón, en la montaña de Judá.
Al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó, designaron a Béser, en el desierto, en la meseta, de la tribu de Rubén; a Ramot, en Galaad, de la tribu de Gad; y a Golán, en Basán, de la tribu de Manasés.
Estas fueron las ciudades designadas para todos los israelitas y para los extranjeros que residían entre ellos, para que pudiera refugiarse allí todo el que matara a alguien sin querer, y no muriera a manos del vengador de la sangre, antes de comparecer ante la comunidad.