El libro de Josué es considerado canónico por todas las grandes tradiciones cristianas. En el canon hebreo, es el primero de los « Profetas Anteriores » (Nevi'im Rishonim). Algunos Padres de la Iglesia vieron en Josué una prefiguración de Jesús (cuyo nombre es la forma griega de Josué).
Josué
Capítulo 22
Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés,
y les dijo: «Ustedes han guardado todo lo que Moisés, servidor de Yavé, les mandó, y me han obedecido en todo lo que les he ordenado.
No han abandonado a sus hermanos durante estos largos días, hasta el día de hoy, y han cumplido fielmente la orden de Yavé, su Dios.
Ahora que Yavé, su Dios, ha dado reposo a sus hermanos, como les había prometido, vuelvan a sus tiendas, a la tierra de su propiedad, que Moisés, servidor de Yavé, les dio al otro lado del Jordán.
Pero cuiden fielmente de poner por obra los mandamientos y la ley que Moisés, servidor de Yavé, les ordenó: amar a Yavé, su Dios, caminar en todos sus caminos, guardar sus mandamientos, seguirle a él y servirle con todo su corazón y con toda su alma.»
Josué los bendijo y los despidió; y ellos se fueron a sus tiendas.
A la media tribu de Manasés, Moisés le había dado posesión en Basán; y a la otra media, Josué se la dio entre sus hermanos, al otro lado del Jordán, al occidente. Josué los despidió a sus tiendas, después de bendecirlos,
y les dijo: «Regresen a sus tiendas con grandes riquezas: muchísimo ganado, plata, oro, bronce, hierro y una gran cantidad de vestidos. Repartan con sus hermanos el botín de sus enemigos.»
Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés se fueron de la presencia de Josué, en Siló, en la tierra de Canaán, para regresar a la tierra de Galaad, a la tierra de su posesión, que habían recibido conforme a la orden de Yavé por medio de Moisés.
Cuando llegaron a la región del Jordán, que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí, junto al Jordán, un altar grande y de aspecto imponente.
Los israelitas oyeron decir: «Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés han edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en la región del Jordán, al lado de los israelitas.»
Al oír esto, toda la comunidad de los israelitas se reunió en Siló para subir a combatir contra ellos.
Los israelitas enviaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, a la tierra de Galaad, a Finees, hijo del sacerdote Eleazar,
y diez jefes con él, uno por cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de ellos jefe de casa paterna entre los millares de Israel.
Fueron, pues, a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, a la tierra de Galaad, y les dijeron:
«Así habla toda la comunidad de Yavé: ¿Qué infidelidad es ésta que han cometido contra el Dios de Israel, apartándose hoy de Yavé, edificando un altar para rebelarse hoy contra Yavé?
¿Acaso nos fue poco el pecado de Peor, del cual no estamos aún purificados, a pesar de la plaga que vino sobre la comunidad de Yavé?
¿Y ustedes se apartan hoy de Yavé? Si hoy se rebelan contra Yavé, mañana se enojará contra toda la comunidad de Israel.
Si les parece que su tierra es impura, pasen a la tierra de la posesión de Yavé, donde está la Morada de Yavé, y tomen posesión entre nosotros. Pero no se rebelen contra Yavé ni se rebelen contra nosotros, edificando un altar aparte del altar de Yavé, nuestro Dios.
¿Acaso no fue Acán, hijo de Zéraj, infiel en el anatema, y no vino la ira sobre toda la comunidad de Israel? No murió él solo por su pecado.»
Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron a los jefes de los millares de Israel:
«El Dios de los dioses, Yavé; el Dios de los dioses, Yavé, él lo sabe, y también Israel lo sabrá: si esto ha sido por rebelión o por infidelidad contra Yavé, no nos salves en este día.
Si hemos edificado este altar para apartarnos de Yavé, o para ofrecer sobre él holocaustos, oblaciones o sacrificios de comunión, que Yavé mismo nos pida cuentas.
Al contrario, lo hemos hecho por temor a lo siguiente: en el futuro, sus hijos podrían decir a nuestros hijos: ‘¿Qué tienen ustedes que ver con Yavé, el Dios de Israel?
Porque Yavé ha puesto el Jordán como límite entre nosotros y ustedes, hijos de Rubén y de Gad. Ustedes no tienen parte en Yavé.’ Así sus hijos podrían alejar a los nuestros del temor de Yavé.
Por eso dijimos: Edifiquemos ahora este altar, no para holocaustos ni para sacrificios,
sino para que sea un testigo entre nosotros y ustedes, y entre las generaciones que nos sucedan, de que podemos servir a Yavé en su presencia con nuestros holocaustos, sacrificios y ofrendas de comunión, y para que en el futuro sus hijos no puedan decir a los nuestros: ‘Ustedes no tienen parte en Yavé.’
Nosotros dijimos: Si en el futuro nos dicen esto a nosotros o a nuestras generaciones, responderemos: Miren el modelo del altar de Yavé que hicieron nuestros padres, no para holocaustos ni para sacrificios, sino para ser un testigo entre nosotros y ustedes.
¡Lejos de nosotros el pensar que nos rebelamos contra Yavé o que nos apartamos hoy de Yavé para edificar un altar para holocaustos, oblaciones o sacrificios, aparte del altar de Yavé, nuestro Dios, que está delante de su Morada!»
Cuando el sacerdote Finees y los jefes de la comunidad, los jefes de los millares de Israel que estaban con él, oyeron las palabras que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y los hijos de Manasés pronunciaron, les pareció bien.
Entonces Finees, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: «Hoy sabemos que Yavé está en medio de nosotros, porque no han cometido esta infidelidad contra Yavé. Ahora han librado a los israelitas de la mano de Yavé.»
Entonces Finees, hijo del sacerdote Eleazar, y los jefes, dejaron a los hijos de Rubén y de Gad y volvieron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los israelitas, y les dieron la respuesta.
Los israelitas se dieron por satisfechos; bendijeron a Dios y no hablaron más de subir a combatir contra ellos, para destruir la tierra que habitaban los hijos de Rubén y de Gad.
Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron a ese altar «Ed», porque dijeron: «Este es un testigo entre nosotros de que Yavé es Dios.»