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El libro de Josué es considerado canónico por todas las grandes tradiciones cristianas. En el canon hebreo, es el primero de los « Profetas Anteriores » (Nevi'im Rishonim). Algunos Padres de la Iglesia vieron en Josué una prefiguración de Jesús (cuyo nombre es la forma griega de Josué).

Josué

Capítulo 24

1

Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem; convocó a los ancianos de Israel, a los jefes, a los jueces y a los oficiales, y ellos se presentaron delante de Dios.

2

Josué dijo a todo el pueblo: «Así habla Yavé, el Dios de Israel: “Desde el otro lado del río habitaron antiguamente sus padres, Taré, padre de Abraham y de Najor, y servían a otros dioses.

3

Entonces yo tomé a su padre Abraham de más allá del río, lo hice recorrer toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia y le di a Isaac.

4

A Isaac le di a Jacob y a Esaú; a Esaú le di el monte Seír para que lo poseyera, mientras que Jacob y sus hijos descendieron a Egipto.

5

Después envié a Moisés y a Aarón, y castigué a Egipto con las plagas que hice en medio de él, y luego los saqué de allí.

6

Saqué a sus padres de Egipto, y llegaron al mar, y los egipcios persiguieron a sus padres con carros y caballería hasta el Mar Rojo.

7

Ellos clamaron a Yavé, y él puso densas tinieblas entre ustedes y los egipcios, e hizo volver sobre ellos las aguas del mar, que los cubrió. Ustedes vieron con sus propios ojos lo que hice en Egipto. Después estuvieron mucho tiempo en el desierto.

8

Yo los traje a la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, y pelearon contra ustedes, pero yo los entregué en sus manos, y tomaron posesión de su tierra, y los destruí delante de ustedes.

9

Luego se levantó Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, y atacó a Israel. Mandó llamar a Balaam, hijo de Beor, para que los maldijera.

10

Pero yo no quise escuchar a Balaam, y él tuvo que bendecirlos, y los libré de sus manos.

11

Pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los habitantes de Jericó pelearon contra ustedes, lo mismo que los amorreos, fereceos, cananeos, heteos, guergueseos, jeveos y jebuseos; pero yo los entregué en sus manos.

12

Envié delante de ustedes avispas que expulsaron a los dos reyes de los amorreos; no fue por tu espada ni por tu arco.

13

Yo les di una tierra que no trabajaron, ciudades que no edificaron, y han habitado en ellas; comen de viñas y olivares que no plantaron.”

14

«Teman, pues, a Yavé y sírvanle con integridad y con fidelidad; aparten los dioses a que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, y sirvan a Yavé.

15

Si les parece mal servir a Yavé, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus padres, cuando estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitan. Por mi parte, yo y mi casa serviremos a Yavé.»

16

El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar a Yavé para servir a otros dioses!

17

Porque Yavé es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la tierra de la esclavitud; él hizo ante nuestros ojos aquellas grandes señales y nos protegió a lo largo del camino que recorrimos y entre los pueblos por donde pasamos.

18

Yavé expulsó de nuestra presencia a todos esos pueblos, incluso a los amorreos que habitaban en el país. También nosotros serviremos a Yavé, porque él es nuestro Dios.»

19

Josué dijo al pueblo: «No podrán servir a Yavé, porque él es un Dios santo, un Dios celoso; no soportará sus rebeldías y sus pecados.

20

Si abandonan a Yavé y sirven a dioses extranjeros, él se volverá contra ustedes, los castigará y los aniquilará, después de haberlos colmado de bienes.»

21

El pueblo respondió a Josué: «¡No! ¡Nosotros serviremos a Yavé!»

22

Entonces Josué dijo al pueblo: «Ustedes son testigos contra ustedes mismos de que han elegido a Yavé para servirle.» Ellos respondieron: «Somos testigos.»

23

«Aparten, pues, ahora mismo a los dioses extranjeros que hay en medio de ustedes, e inclinen su corazón a Yavé, el Dios de Israel.»

24

El pueblo respondió a Josué: «Serviremos a Yavé, nuestro Dios, y escucharemos su voz.»

25

Aquel día Josué hizo una alianza con el pueblo en Siquem, y les dio preceptos y normas.

26

Josué escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios; luego tomó una gran piedra y la erigió allí, debajo de la encina que estaba en el santuario de Yavé.

27

Josué dijo a todo el pueblo: «Esta piedra será testigo contra nosotros, porque ella ha oído todas las palabras que Yavé nos ha dicho; ella será testigo contra ustedes, para que no nieguen a su Dios.»

28

En seguida Josué despidió al pueblo y cada uno volvió a su tierra.

29

Después de estas cosas, murió Josué, hijo de Nun, servidor de Yavé, a la edad de ciento diez años.

30

Lo enterraron en el territorio de su herencia, en Timnat-Séraj, en la montaña de Efraín, al norte del monte Gaas.

31

Israel sirvió a Yavé durante toda la vida de Josué y durante toda la vida de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todo lo que Yavé había hecho a favor de Israel.

32

Los huesos de José, que los israelitas habían traído de Egipto, los enterraron en Siquem, en la parcela de campo que Jacob había comprado a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien monedas de plata, y que pasó a ser herencia de los hijos de José.

33

Murió también Eleazar, hijo de Aarón, y lo enterraron en Guibeá, que había sido dada a su hijo Finees, en la montaña de Efraín.

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