Este libro es reconocido por todas las principales tradiciones cristianas y también está incluido en el canon hebreo como parte de los Nevi'im (Profetas).
Juízes
Capítulo 2
Subió el Ángel de Yahveh de Guilgal a Boquín y dijo: «Yo os hice subir de Egipto y os traje a la tierra que juré dar a vuestros padres. Y dije: No romperé jamás mi alianza con vosotros.
Por vuestra parte, no haréis alianza con los habitantes de esta tierra; derribaréis sus altares. Pero vosotros no habéis escuchado mi voz. ¿Qué es lo que habéis hecho?
Por eso también dije: No los expulsaré de delante de vosotros; serán vuestros adversarios, y sus dioses os serán un lazo.»
Cuando el Ángel de Yahveh hubo dicho estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo se puso a llorar en alta voz.
Por eso llamaron a aquel lugar Boquín, y ofrecieron allí sacrificios a Yahveh.
Josué despidió al pueblo, y los israelitas se fueron cada uno a su heredad para poseer la tierra.
El pueblo sirvió a Yahveh todo el tiempo de Josué y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto toda la gran obra que Yahveh había hecho por Israel.
Murió Josué, hijo de Nun, siervo de Yahveh, a la edad de ciento diez años.
Lo sepultaron en el territorio de su heredad, en Timnat Jeres, en la montaña de Efraín, al norte del monte Gaas.
También toda aquella generación fue a reunirse con sus padres, y detrás de ella surgió otra generación que no conocía a Yahveh ni lo que él había hecho en favor de Israel.
Entonces los israelitas hicieron lo que malo a los ojos de Yahveh y sirvieron a los baales.
Abandonaron a Yahveh, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses, a los dioses de los pueblos que los rodeaban, y se postraron ante ellos, provocando así la ira de Yahveh.
Abandonaron a Yahveh y sirvieron a Baal y a Astarté.
Yahveh se encendió en ira contra Israel y los entregó en manos de salteadores que los saquearon; los vendió en manos de sus enemigos de alrededor, y no pudieron ya resistir a sus enemigos.
Dondequiera que salían, la mano de Yahveh estaba contra ellos para mal, como Yahveh había dicho y como Yahveh les había jurado; y pasaron una gran angustia.
Entonces Yahveh suscitó jueces que los salvaran de la mano de los que les saqueaban.
Pero tampoco escucharon a sus jueces, porque se prostituyeron tras otros dioses y se postraron ante ellos; se apartaron pronto del camino que habían seguido sus padres, que habían obedecido los mandamientos de Yahveh, y no hicieron como ellos.
Cuando Yahveh les suscitaba jueces, Yahveh estaba con el juez y los salvaba de la mano de sus enemigos todo el tiempo de aquel juez, porque Yahveh se compadecía de sus gemidos bajo los que les oprimían y acosaban.
Pero cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían más que sus padres, siguiendo a otros dioses, sirviéndoles y postrándose ante ellos; no renunciaban a sus prácticas ni a su obstinada conducta.
Entonces la ira de Yahveh se encendió contra Israel y dijo: «Por cuanto esta nación ha violado mi alianza, que yo había ordenado a sus padres, y no ha escuchado mi voz,
tampoco yo seguiré desposeyendo delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió,
para probar con ellas a Israel, si guardarán o no el camino de Yahveh, caminando por él, como lo guardaron sus padres.»
Así Yahveh dejó que subsistieran aquellas naciones, sin desposeerlas presto, ni tampoco las entregó en mano de Josué.