El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 10 — Unción de Saúl
Tomó Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, lo besó y le dijo: «¿No te ha ungido Yahveh por jefe de su heredad?
Hoy, cuando te hayas ido de mí, encontrarás a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el límite de Benjamín, en Selsaj. Te dirán: “Han aparecido las asnas que habías ido a buscar; y mira, tu padre, olvidándose de las asnas, está angustiado por vosotros, diciendo: ¿Qué haré por mi hijo?”
Sigue de allí, más adelante, hasta la encina de Tabor; allí te encontrarán tres hombres que suben hacia Dios, a Betel; uno lleva tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el tercero un odre de vino.
Te saludarán y te darán dos panes, que recibirás de su mano.
Después llegarás a Guibeá de Dios, donde hay una guarnición de filisteos. Al entrar en la ciudad, encontrarás una banda de profetas que bajan del alto, precedidos de arpas, panderos, flautas y cítaras, y ellos profetizando.
Entonces el espíritu de Yahveh se apoderará de ti, profetizarás con ellos y quedarás convertido en otro hombre.
Cuando estas señales te ocurran, haz lo que te venga al caso, porque Dios está contigo.
Bajarás delante de mí a Guilgal, y heme allí que bajaré a tu encuentro para ofrecer holocaustos e inmolarte sacrificios de comunión. Esperarás siete días hasta que yo venga a ti, y te indicaré lo que has de hacer.»
En el momento de darse la vuelta para apartarse de Samuel, Dios le dio un corazón nuevo. Todas aquellas señales sucedieron aquel mismo día.
Llegaron ellos allá, a Guibeá, y he aquí una banda de profetas que salía a su encuentro; el espíritu de Dios se apoderó de él, y profetizó en medio de ellos.
Al verlo todos sus conocidos de antes, que profetizaba con los profetas, se decían unos a otros: «¿Qué ha sucedido al hijo de Quis? ¿Está también Saúl entre los profetas?»
Alguien de allí respondió: «¿Quién es el padre de éstos?» Por eso se convirtió en proverbio: «¿Está también Saúl entre los profetas?»
Cuando cesó de profetizar, fue al alto.
Dijo un tío de Saúl a él y a su criado: «¿Dónde habéis ido?» Respondió: «A buscar las asnas; pero viendo que no aparecían, fuimos a ver a Samuel.»
El tío de Saúl añadió: «Dime, por favor, qué os dijo Samuel.»
Respondió Saúl a su tío: «Nos declaró que las asnas habían aparecido.» Pero no le refirió lo que Samuel le había dicho acerca de la realeza.
Convocó Samuel al pueblo delante de Yahveh en Mispá,
y dijo a los hijos de Israel: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de la mano de los egipcios y de la mano de todos los reinos que os oprimían.
Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que es quien os libra de todas vuestras desgracias y tribulaciones, y habéis dicho: “No, pon un rey sobre nosotros.” Poneos, pues, ahora delante de Yahveh, por vuestras tribus y por vuestros millares.»
Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel, y fue designada la tribu de Benjamín.
Hizo acercarse a la tribu de Benjamín por familias, y fue designada la familia de Matrí; y de ella fue designado Saúl, hijo de Quis. Le buscaron, pero no parecía.
Consultaron de nuevo a Yahveh: «¿Ha venido ese hombre acá?» Respondió Yahveh: «Ahí está escondido entre el bagaje.»
Corrieron a sacarle de allí, y se puso en medio del pueblo; y era más alto que todo el pueblo, de los hombros arriba.
Dijo Samuel a todo el pueblo: «¿Veis a quien ha elegido Yahveh? No hay otro como él en todo el pueblo.» Y todo el pueblo prorrumpió en gritos, diciendo: «¡Viva el rey!»
Samuel expuso al pueblo el derecho de la realeza, lo escribió en un rollo y lo depositó delante de Yahveh. Después despidió Samuel a todo el pueblo, cada cual a su casa.
También Saúl se fue a su casa en Guibeá, y fueron con él algunos valientes a quienes Dios había tocado el corazón.
Pero unos hombres malvados dijeron: «¿Cómo nos va a salvar éste?» Y le despreciaron y no le llevaron ningún regalo. Pero él se hizo el desentendido.