El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 12 — Discurso de despedida de Samuel
Dijo Samuel a todo Israel: «He aquí que he escuchado vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y he puesto un rey sobre vosotros.
Ahora tenéis por rey a vuestro rey. Yo soy ya viejo y canoso, y mis hijos están con vosotros. Yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy.
Aquí estoy. Dad testimonio contra mí delante de Yahveh y de su ungido: ¿A quién le he quitado su buey? ¿A quién le he cogido su asno? ¿A quién he defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿De quién he aceptado un regalo para cerrar mis ojos? Pues os lo devolveré.»
Ellos respondieron: «No nos has defraudado ni nos has oprimido, ni has aceptado nada de nadie.»
El les dijo: «Yahveh es testigo contra vosotros, y su ungido es testigo hoy, de que no habéis encontrado nada en mi poder.» Y respondieron: «Testigo es.»
Entonces Samuel dijo al pueblo: «Testigo es Yahveh, que hizo a Moisés y a Aarón y que sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto.
Ahora, pues, presentaos, y voy a procesar con vosotros delante de Yahveh, con todos los beneficios de Yahveh, que él ha hecho a vosotros y a vuestros padres.
Cuando hubo venido Jacob a Egipto, clamaron vuestros padres a Yahveh, y Yahveh envió a Moisés y a Aarón, que sacaron a vuestros padres de Egipto, y los instalaron en este lugar.
Pero olvidaron a Yahveh su Dios, y él los entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jazor, en manos de los filisteos y en manos del rey de Moab, que pelearon contra ellos.
Ellos clamaron a Yahveh y dijeron: “Hemos pecado, porque hemos abandonado a Yahveh y servido a los baales y a las Astartés. Líbranos ahora de la mano de nuestros enemigos, y te serviremos.”
Yahveh envió a Jerobaal, a Bedán, a Jefté y a Samuel, y os libró de la mano de vuestros enemigos de alrededor, y habitasteis seguros.
Pero al ver que Najas, rey de los amonitas, venía contra vosotros, me dijisteis: “No, queremos un rey que nos rija”, cuando Yahveh vuestro Dios era vuestro rey.
Ahora, pues, aquí tenéis al rey que habéis elegido, el que habéis pedido. Mirad que Yahveh ha puesto sobre vosotros un rey.
Si teméis a Yahveh, le servís, escucháis su voz y no os rebeláis contra la orden de Yahveh, tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros seguirán a Yahveh vuestro Dios.
Pero si no escucháis la voz de Yahveh, si os rebeláis contra la orden de Yahveh, la mano de Yahveh estará contra vosotros y contra vuestros padres.
Esperad todavía y ved esta gran cosa que Yahveh va a hacer ante vuestros ojos.
¿No es ahora la siega del trigo? Pues yo voy a invocar a Yahveh, y él enviará truenos y lluvia; así veréis y comprenderéis el gran mal que habéis hecho a los ojos de Yahveh, pidiendo rey para vosotros.»
Invoco, pues, Samuel a Yahveh, y Yahveh envió aquel día truenos y lluvia. Entonces todo el pueblo tuvo gran temor de Yahveh y de Samuel.
Dijo todo el pueblo a Samuel: «Ruega por tus siervos a Yahveh tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido el mal de pedir un rey.»
Respondió Samuel al pueblo: «No temáis. Sí, habéis cometido todo ese mal; pero no os apartéis de Yahveh, y servid a Yahveh con todo vuestro corazón.
No os apartéis, pues iríais tras cosas vanas que no aprovechan ni libran, porque son vanas.
Pues Yahveh, por su gran nombre, no abandonará a su pueblo, porque quiso Yahveh hacer de vosotros su pueblo.
En cuanto a mí, ¡lejos de mí pecar contra Yahveh dejando de rogar por vosotros! Antes bien, os instruiré en el camino bueno y recto.
Solamente temed a Yahveh y servidle fielmente con todo vuestro corazón, pues habéis visto cuán grandes cosas ha hecho entre vosotros.
Pero si persistís en hacer el mal, pereceréis, así vosotros como vuestro rey.»