El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 16 — David es ungido
Dijo Yahveh a Samuel: «¿Hasta cuándo has de llorar por Saúl, si yo le he desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ven, que te enviaré a Jesé, el de Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey.»
Respondió Samuel: «¿Cómo puedo ir? Si Saúl lo sabe, me matará.» Yahveh le dijo: «Llevarás contigo una becerra, y dirás: “He venido para ofrecer un sacrificio a Yahveh.”
Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que yo te diga.»
Hizo, pues, Samuel como le había dicho Yahveh, y llegó a Belén. Los ancianos de la ciudad salieron temblando a su encuentro, y le preguntaron: «¿Es de paz tu venida?»
Respondió: «Sí, es de paz. He venido a ofrecer un sacrificio a Yahveh. Santificaos y venid conmigo al sacrificio.» Santificó también a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.
Cuando llegaron, vio a Eliab, y se dijo: «Seguramente está ante Yahveh su ungido.»
Pero Yahveh dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, porque lo desecho. No es como el hombre ve; pues el hombre ve la apariencia, mas Yahveh ve el corazón.»
Llamó Jesé a Abinadab, y lo hizo pasar ante Samuel; pero Samuel dijo: «Tampoco a éste ha elegido Yahveh.»
Jesé hizo pasar a Samá, y dijo Samuel: «Tampoco a éste ha elegido Yahveh.»
Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, y Samuel dijo a Jesé: «Yahveh no ha elegido a éstos.»
Preguntó Samuel a Jesé: «¿Son éstos todos los jóvenes?» Respondió: «Queda aún el más pequeño, que está apacentando el rebaño.» Dijo Samuel a Jesé: «Manda por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga.»
Mandó por él, y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. Dijo Yahveh a Samuel: «Levántate y únele, porque éste es.»
Tomó Samuel el cuerno del aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Desde aquel día el espíritu de Yahveh se apoderó de David. Después se levantó Samuel y se fue a Ramá.
El espíritu de Yahveh se había retirado de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Yahveh.
Los servidores de Saúl le dijeron: «He aquí que un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
Diga nuestro señor a sus siervos que te busquen a un hombre hábil en tocar el arpa; y cuando el espíritu malo de parte de Dios te acometa, él tocará con su mano, y te aliviarás.»
Respondió Saúl a sus servidores: «Buscadme, pues, un hombre que toque bien, y traédmelo.»
Uno de los criados respondió: «He visto a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tocar, es un hombre fuerte y valiente, guerrero, sensato en sus palabras, de buena presencia, y Yahveh está con él.»
Envió, pues, Saúl mensajeros a Jesé, diciendo: «Envíame a tu hijo David, el que está con el rebaño.»
Jesé tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y los envió a Saúl por medio de su hijo David.
Llegó David a Saúl y se puso a su servicio; Saúl le tomó mucho cariño, y le hizo su escudero.
Envió Saúl a decir a Jesé: «Que David quede en mi servicio, pues ha hallado gracia a mis ojos.»
Y cuando el espíritu de Dios acometía a Saúl, tomaba David el arpa y la tañía con su mano; Saúl se aliviaba, se calmaba, y el espíritu malo se apartaba de él.