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El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.

1 Samuel

Capítulo 17 — David y Goliat

1

Los filisteos reunieron sus fuerzas para la guerra, y se concentraron en Soco de Judá; acamparon entre Soco y Azeca, en Efes Damim.

2

Saúl y los hombres de Israel se concentraron y acamparon en el valle de Elá, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.

3

Los filisteos ocupaban la colina de un lado, e Israel la colina del otro lado, y entre ellos el valle.

4

Entonces salió del campamento de los filisteos un campeón, llamado Goliat, de Gat, que medía seis codos y un palmo.

5

Llevaba un casco de bronce en la cabeza, y una cota de malla de bronce, de cinco mil siclos de peso.

6

Calzaba grebas de bronce, y una jabalina de bronce entre los hombros.

7

El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y el hierro de la lanza pesaba seiscientos siclos. Su escudero le precedía.

8

Se detuvo y gritó a las filas de Israel, diciendo: «¿Para qué salís a formar combate? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Elegid a uno de vosotros que baje contra mí.

9

Si puede pelearse conmigo y me vence, seremos vuestros siervos; mas si yo le venciere, vosotros seréis siervos nuestros y nos serviréis.»

10

Añadió el filisteo: «Yo desafío hoy a las filas de Israel. Dadme un hombre y pelearemos.»

11

Al oír Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, quedaron espantados y llenos de temor.

12

David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. En tiempo de Saúl, este hombre era ya viejo, avanzado en edad.

13

Los tres hijos mayores de Jesé habían ido a la guerra con Saúl. Los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran Eliab, el primogénito; el segundo, Abinadab; y el tercero, Samá.

14

David era el más pequeño. Los tres mayores siguieron a Saúl,

15

pero David iba y venía de casa de Saúl para apacentar el rebaño de su padre en Belén.

16

El filisteo se presentaba mañana y tarde, durante cuarenta días.

17

Dijo Jesé a su hijo David: «Toma, por favor, para tus hermanos esta fanega de grano tostado y estos diez panes, y llévalos de prisa al campamento a tus hermanos.

18

Llevarás estos diez quesos al jefe de mil; verás cómo están tus hermanos y tomarás su prenda.»

19

Saúl, tus hermanos y todos los israelitas estaban en el valle de Elá, peleando con los filisteos.

20

Se levantó David de madrugada, dejó el rebaño al cuidado de un guardián, cargó y se puso en camino, según le había mandado Jesé. Llegó al recinto del campamento cuando el ejército salía a la formación de batalla y daba el grito de guerra.

21

Israel y los filisteos se pusieron en orden de batalla, fila frente a fila.

22

David dejó su carga en manos del guardián del bagaje, corrió a las filas, fue a preguntar a sus hermanos cómo estaban.

23

Mientras conversaba con ellos, el campeón, llamado Goliat, filisteo de Gat, subió de entre las filas de los filisteos y repitió sus palabras; y las oyó David.

24

Al verle todos los israelitas, huyeron llenos de gran temor.

25

Decían los hombres de Israel: «¿Veis a ese hombre que sube? Sube para desafiar a Israel. Al que le venza, el rey le colmará de grandes riquezas, le dará su hija y eximirá de impuestos a su casa paterna en Israel.»

26

Preguntó David a los que estaban junto a él: «¿Qué se hará al que venza a ese filisteo y quite la afrenta de Israel? Pues ¿quién es ese filisteo incircunciso para desafiar a las filas del Dios vivo?»

27

El pueblo le repitió las mismas palabras, diciendo: «Así se hará al que le venza.»

28

Eliab, su hermano mayor, al oírle hablar con los hombres, se encendió en ira contra David y exclamó: «¿A qué has venido? ¿Con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu orgullo y la malicia de tu corazón: has venido para ver la batalla.»

29

Respondió David: «¿Qué he hecho yo ahora? ¿No era una palabra?»

30

Se apartó de él para otro lado y repitió la misma pregunta, y el pueblo le respondió como la primera vez.

31

Llegaron a oídos de Saúl las palabras que David había dicho, y Saúl mandó que le trajesen.

32

Dijo David a Saúl: «No desfallezca el corazón de nadie a causa de él; tu siervo irá y peleará con ese filisteo.»

33

Dijo Saúl a David: «No puedes ir contra ese filisteo para pelear con él, porque tú eres un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud.»

34

Respondió David a Saúl: «Tu siervo ha sido pastor del rebaño de su padre; cuando venía un león o un oso y tomaba una oveja del rebaño,

35

salía yo en su persecución, le hería y se la arrancaba de la boca; si se levantaba contra mí, lo agarraba por la quijada, lo hería y lo mataba.

36

Tu siervo ha matado al león y al oso, y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a las filas del Dios vivo.»

37

Añadió David: «Yahveh, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de la mano de ese filisteo.» Respondió Saúl a David: «Ve, y Yahveh sea contigo.»

38

Vistió Saúl a David con su propia armadura, le puso un casco de bronce en la cabeza y le vistió la cota de malla.

39

Ciñó David la espada sobre la armadura e intentó andar, porque no estaba acostumbrido. Dijo David a Saúl: «No puedo andar con esto, porque no estoy acostumbrado.» Y se despojó de ello.

40

Tomó su cayado en la mano, escogió cinco cantos rodados del torrente, los puso en su zurrón de pastor, en su bolsa, y con su honda en la mano se acercó al filisteo.

41

El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero.

42

Miró el filisteo, y al ver a David, le tuvo en poco por ser un muchacho, rubio y de buena presencia.

43

El filisteo dijo a David: «¿Soy yo un perro para que vengas a mí con un palo?» Y le maldijo el filisteo por sus dioses.

44

Dijo el filisteo a David: «Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.»

45

Dijo David al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; pero yo vengo a ti en el nombre de Yahveh Sebaot, Dios de las filas de Israel, a quien has desafiado.

46

Hoy mismo te entregará Yahveh en mi mano; te mataré, te cortaré la cabeza, y daré hoy los cadáveres del campamento de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.

47

Y toda esta asamblea sabrá que Yahveh salva no por espada ni por lanza; porque de Yahveh es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.»

48

Cuando el filisteo se levantó y se acercó para enfrentarse con David, David corrió apresuradamente hacia las filas para enfrentarse con el filisteo.

49

Metió David la mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente; la piedra se le hundió en la frente, y cayó rostro en tierra.

50

Así venció David al filisteo con la honda y la piedra; hirió al filisteo y le dio muerte, sin tener espada en su mano.

51

Corrió David, se puso sobre el filisteo, tomó su espada, la sacó de la vaina, le dio muerte y le cortó la cabeza. Cuando los filisteos vieron que su campeón había muerto, huyeron.

52

Los hombres de Israel y de Judá se levantaron, dieron gritos y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Cayendo heridos los filisteos por el camino de Saaraim, hasta Gat y Ecrón.

53

Los hijos de Israel volvieron de perseguir a los filisteos y saquearon su campamento.

54

David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, y puso las armas de él en su tienda.

55

Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del filisteo, preguntó a Abner, jefe del ejército: «Abner, ¿de quién es hijo ese joven?» Abner respondió: «Por vida tuya, oh rey, que no lo sé.»

56

Dijo el rey: «Pregunta, pues, de quién es hijo ese joven.»

57

Cuando David volvió de matar al filisteo, Abner le tomó y lo llevó ante Saúl, con la cabeza del filisteo en su mano.

58

Saúl le preguntó: «¿De quién eres hijo, joven?» Respondió David: «Hijo de tu siervo Jesé, el de Belén.»

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