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El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.

1 Samuel

Capítulo 20 — David y Jonatán

1

Huyó David de Naiot de Ramá, fue a hablar a Jonatán y le dijo: «¿Qué he hecho yo, cuál es mi culpa, cuál mi pecado contra tu padre, para que atente contra mi vida?»

2

Jonatán le respondió: «¡Lejos de ti el pensamiento! No morirás. Mira, mi padre no hace nada, grande o pequeño, sin decírmelo a mí; ¿por qué, pues, me ocultaría mi padre este asunto? No es así.»

3

Pero David insistió: «Tu padre sabe bien que yo he obtenido tu favor, y habrá pensado: “Que no lo sepa Jonatán, no sea que se entristezca.” Pero, por vida de Yahveh y por tu vida, entre la muerte y yo no hay más que un paso.»

4

Dijo Jonatán a David: «Lo que desees te lo haré.»

5

Respondió David a Jonatán: «Mañana es novilunio, y yo debería sentarme a comer con el rey; pero tú me dejarás ir, y me esconderé en el campo hasta la tarde del tercer día.

6

Si tu padre nota mi falta, le dirás: “David me pidió con urgencia que le dejara ir a Belén, su ciudad, porque se celebra allí el sacrificio anual de toda su familia.”

7

Si entonces él dice: “Está bien”, tu siervo estará tranquilo; pero si se enoja, sabrás que ha decidido mi daño.

8

Muestra, pues, piedad a tu siervo, pues has hecho entrar a tu siervo en alianza de Yahveh contigo. Si hay culpa en mí, mátame tú mismo, pero no me entregues a tu padre.»

9

Dijo Jonatán: «Lejos de ti tal cosa; si llego a saber que mi padre ha decidido tu daño, ¿no te lo avisaría yo?»

10

Entonces David preguntó a Jonatán: «¿Quién me avisará si tu padre te responde duramente?»

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Dijo Jonatán a David: «Ven, salgamos al campo.» Y salieron los dos al campo.

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Dijo Jonatán a David: «Por Yahveh, Dios de Israel, yo sondearé a mi padre mañana a esta misma hora. Si las cosas van bien para David y no envío entonces a decírtelo,

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así haga Yahveh con Jonatán y así le añada. Mas si mi padre quiere hacerte daño, te lo haré saber y te dejaré ir, y te irás en paz. Yahveh sea contigo como lo fue con mi padre.

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¿No has de mostrarme la benevolencia de Yahveh mientras yo viva, para que no muera?

15

Y no retirarás tu benevolencia de mi casa para siempre, ni siquiera cuando Yahveh haya exterminado de la tierra a todos los enemigos de David.»

16

Hizo, pues, Jonatán alianza con la casa de David: «Yahveh pida cuentas a los enemigos de David.»

17

Y Jonatán volvió a hacer jurar a David por el amor que le tenía, pues le amaba como a sí mismo.

18

Dijo Jonatán: «Mañana es novilunio; se echará de menos tu puesto,

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porque tu ausencia durará tres días. Descenderás, pues, pronto, y vendrás al lugar donde te escondiste el día del suceso, y te sentarás junto a la piedra de Ezel.

20

Yo dispararé tres flechas hacia su lado, como tirando a un blanco.

21

Luego enviaré al criado, diciendo: “Ve, recoge las flechas.” Si digo al criado: “Mira, las flechas están a este lado de ti; cógelas”, entonces tú puedes venir, porque te va bien, y no hay peligro, por vida de Yahveh.

22

Pero si digo al joven: “Mira, las flechas están más allá de ti”, entonces vete, porque Yahveh te despide.

23

En cuanto a la palabra que hemos hablado, yo y tú, Yahveh está de por medio para siempre.»

24

David se escondió en el campo. Llegó el novilunio, y el rey se sentó a comer.

25

El rey se sentó en su sitio, como las otras veces, junto a la pared. Jonatán se levantó, y Abner se sentó al lado de Saúl, mientras que el puesto de David quedó vacío.

26

Pero Saúl no dijo nada aquel día, porque pensaba: «Le ha ocurrido algo; no estará puro, ciertamente no estará puro.»

27

Al día siguiente, segundo día del novilunio, el puesto de David seguía vacío. Dijo Saúl a su hijo Jonatán: «¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Jesé ni ayer ni hoy?»

28

Respondió Jonatán a Saúl: «David me pidió con urgencia que le dejara ir a Belén,

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diciendo: “Déjame ir, que tenemos un sacrificio de familia en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado. Así que, si he hallado gracia a tus ojos, déjame escapar y ver a mis hermanos.” Por eso no ha venido a la mesa del rey.»

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Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: «¡Hijo de perversa y rebelde! ¿No sé yo que amas al hijo de Jesé para tu vergüenza y vergüenza de la desnudez de tu madre?

31

Porque mientras el hijo de Jesé viva sobre la tierra, no estarás firme tú ni tu realeza. Ahora, pues, envía y tráemelo, porque ha de morir.»

32

Respondió Jonatán a su padre Saúl: «¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?»

33

Entonces Saúl arrojó la lanza contra él para herirle; así supo Jonatán que su padre había decidido dar muerte a David.

34

Jonatán se levantó de la mesa encendido en ira, y no comió el segundo día del novilunio, porque estaba afligido por David, pues su padre le había afrentado.

35

A la mañana siguiente, Jonatán salió al campo a la hora señalada con David, acompañado de un muchacho.

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Dijo al muchacho: «Corre a buscar las flechas que voy a tirar.» El muchacho corrió, y Jonatán tiró la flecha más allá de él.

37

Cuando el muchacho llegó al lugar de la flecha que Jonatán había tirado, Jonatán gritó detrás de él: «La flecha está más allá de ti.»

38

Y añadió Jonatán gritando detrás del muchacho: «¡Date prisa, corre, no te detengas!» El muchacho recogió la flecha y regresó a su señor.

39

El muchacho no entendió nada; sólo Jonatán y David sabían el caso.

40

Jonatán entregó sus armas al muchacho y le dijo: «Vete, llévalas a la ciudad.»

41

Cuando el muchacho se hubo ido, David se levantó de junto a la piedra del sur, cayó rostro en tierra y se postró tres veces. Se besaron el uno al otro, lloraron juntos, hasta que David rompió a llorar.

42

Dijo Jonatán a David: «Vete en paz, pues ambos hemos jurado en nombre de Yahveh, diciendo: Yahveh sea testigo para siempre entre tú y yo, y entre tu descendencia y la mía.»

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