El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 21 — David huye a Nob y a Gat
David se levantó y se fue; Jonatán entró en la ciudad.
Llegó David a Nob, donde estaba el sacerdote Ajimélec. Ajimélec salió temblando al encuentro de David, y le dijo: «¿Por qué vienes solo y sin gente?»
Respondió David al sacerdote Ajimélec: «El rey me ha dado una orden y me ha dicho: “Que nadie sepa nada del asunto por el cual te envío y de lo que te he mandado.” A mis hombres los he citado en cierto lugar.
Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que encuentres.»
Respondió el sacerdote a David: «No tengo pan común a mano, sino solamente pan sagrado, con tal de que los hombres se hayan abstenido de mujeres.»
Respondió David al sacerdote: «Como siempre que salgo de campaña, los jóvenes se han abstenido de mujeres, aunque se trate de una expedición profana; y si éste es un camino profano, hoy más aún se santificarán por las armas.»
Entonces el sacerdote le dio el pan sagrado, porque no había allí otro pan que el de la proposición, que se retiraba de delante de Yahveh para poner pan caliente el día que se quitaba.
Estaba allí aquel día un hombre de los servidores de Saúl, detenido delante de Yahveh; se llamaba Doeg, el edomita, jefe de los pastores de Saúl.
Dijo David a Ajimélec: «¿No tienes a mano una lanza o una espada? Porque no he tomado ni mi espada ni mis armas, pues la orden del rey era urgente.»
Respondió el sacerdote: «La espada de Goliat, el filisteo a quien tú mataste en el valle de Elá, está envuelta en un manto detrás del efod; si quieres tomarla, tómala, porque no hay otra aquí.» Dijo David: «No hay otra como ella; dámela.»
David se levantó y huyó aquel día de la presencia de Saúl, y se fue a Aquís, rey de Gat.
Los servidores de Aquís le dijeron: «¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿No es de quien cantaban en las danzas diciendo: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”?»
David tomó muy en serio estas palabras, y sintió gran miedo de Aquís, rey de Gat.
Entonces cambió su comportamiento delante de ellos, fingiéndose loco entre sus manos, haciendo marcas en las puertas, y dejando correr la saliva por su barba.
Dijo Aquís a sus servidores: «Ahí tenéis a un hombre loco. ¿Por qué me lo habéis traído?
¿Faltan acá locos para que metáis a éste a hacer locuras delante de mí? ¿Ha de entrar éste en mi casa?»