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El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.

1 Samuel

Capítulo 22 — David en la cueva de Adulam

1

David partió de allí y se refugió en la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, bajaron allá donde él.

2

Se reunieron junto a él todos los hombres que estaban en apuros, todos los endeudados y todos los descontentos, y él se hizo jefe de ellos, unos cuatrocientos hombres.

3

De allí pasó David a Mispá de Moab, y dijo al rey de Moab: «Que mi padre y mi madre vengan a vuestra casa hasta que sepa lo que Dios va a hacer de mí.»

4

Los dejó en la casa del rey de Moab, y estuvieron con él todo el tiempo que David estuvo en el refugio.

5

El profeta Gad dijo a David: «No te quedes en el refugio; vete y entra en tierra de Judá.» David se fue y llegó al bosque de Haret.

6

Oyó Saúl que habían aparecido David y los hombres que estaban con él. Saúl estaba en Guibeá, sentado bajo el tamarisco de la altura, con la lanza en la mano, mientras todos sus servidores estaban de pie alrededor de él.

7

Dijo Saúl a sus servidores que estaban alrededor de él: «Escuchad, benjaminitas: ¿También el hijo de Jesé dará a todos vosotros campos y viñas? ¿Os hará a todos jefes de millar y jefes de cien,

8

para que todos hayáis conspirado contra mí, sin haber quien me avise de que mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Jesé, y sin que haya entre vosotros quien se compadezca de mí y me avise de que mi hijo ha levantado contra mí a mi siervo para que sea quien me acecha, como hoy sucede?»

9

Entonces Doeg, el edomita, que estaba al frente de los servidores de Saúl, respondió: «Vi al hijo de Jesé venir a Nob, a casa de Ajimélec, hijo de Ajitob.

10

Éste consultó por él a Yahveh, le dio provisiones, y le entregó la espada de Goliat, el filisteo.»

11

El rey mandó llamar al sacerdote Ajimélec, hijo de Ajitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob. Y todos ellos vinieron al rey.

12

Dijo Saúl: «Escucha, hijo de Ajitob.» Respondió: «Heme aquí, señor.»

13

Le dijo Saúl: «¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Jesé, dándole pan y una espada, y consultando a Dios por él, para que se levante contra mí y sea quien me acecha, como hoy sucede?»

14

Ajimélec respondió al rey: «¿Quién entre todos tus servidores es tan fiel como David, yerno del rey, jefe de tu guardia, y honrado en tu casa?

15

¿He comenzado hoy a consultar a Dios por él? ¡Lejos de mí tal cosa! No impute el rey nada a su siervo ni a toda la casa de mi padre, porque tu siervo no sabía nada de todo esto, ni poco ni mucho.»

16

El rey dijo: «Has de morir, Ajimélec, tú y toda la casa de tu padre.»

17

Y dijo el rey a los guardias que estaban junto a él: «Acercaos y matad a los sacerdotes de Yahveh, porque también ellos están de parte de David, pues sabían que huía y no me lo avisaron.» Pero los servidores del rey no quisieron alzar la mano para matar a los sacerdotes de Yahveh.

18

Entonces dijo el rey a Doeg: «Acércate tú y mata a los sacerdotes.» Doeg, el edomita, se acercó y mató a los sacerdotes; aquel día mató a ochenta y cinco personas que llevaban efod de lino.

19

Pasó a filo de espada a Nob, la ciudad de los sacerdotes: hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes, asnos y ovejas, todo a filo de espada.

20

Se salvó un hijo de Ajimélec, hijo de Ajitob, llamado Abiatar, que huyó para reunirse con David.

21

Abiatar contó a David que Saúl había matado a los sacerdotes de Yahveh.

22

Dijo David a Abiatar: «Aquel día, cuando estaba allí Doeg, el edomita, sabía yo que no podía menos de informar a Saúl. Yo soy responsable de la muerte de toda la casa de tu padre.

23

Quédate conmigo, no temas; pues quien atente contra ti atentará contra mí, y estarás a salvo conmigo.»

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