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El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.

1 Samuel

Capítulo 24 — David perdona la vida a Saúl

1

Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le avisaron: «David está en el desierto de En Gadi.»

2

Entonces Saúl tomó tres mil hombres escogidos de todo Israel, y fue en busca de David y de sus hombres hasta las Peñas de las Cabras Monteses.

3

Llegó a unos cercados de ovejas que había junto al camino; había allí una cueva, y entró Saúl en ella para cubrir sus pies. David y sus hombres estaban en lo más hondo de la cueva.

4

Los hombres de David le dijeron: «Este es el día que Yahveh te anunció: “Yo voy a entregar a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te parezca.”» David se levantó y cortó disimuladamente la punta del manto de Saúl.

5

Después le remordió la conciencia a David por haber cortado la punta del manto de Saúl,

6

y dijo a sus hombres: «¡Guárdeme Yahveh de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Yahveh, de poner mi mano en él, porque es el ungido de Yahveh!»

7

David contuvo a sus hombres con estas palabras y no les permitió que se lanzaran contra Saúl. Saúl salió de la cueva y siguió su camino.

8

Después David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Señor mío, rey!» Saúl miró atrás, y David se inclinó con el rostro en tierra y se postró.

9

Dijo David a Saúl: «¿Por qué haces caso de las palabras de los que dicen: “David busca hacerte daño”?»

10

«Hoy has visto con tus propios ojos que Yahveh te ha entregado hoy en mi poder en la cueva; algunos me instaban a que te matara, pero yo te he perdonado, pues dije: “No alzaré mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Yahveh.”»

11

«Mira, padre mío, mira la punta de tu manto en mi mano. Por el hecho de haber cortado la punta de tu manto y no haberte matado, date cuenta y ve que no hay en mí maldad ni rebeldía, y que no he pecado contra ti, mientras tú acechas mi vida para quitármela.»

12

«Yahveh sea juez entre tú y yo, y me vengue de ti; pero mi mano no te tocará.»

13

«Como dice el proverbio antiguo: “De los impíos sale la impiedad”; pero mi mano no te tocará.»

14

«¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?»

15

«Yahveh será juez y decidirá entre tú y yo; El verá y defenderá mi causa, y me hará justicia librándome de tu mano.»

16

Cuando David terminó de decir estas palabras a Saúl, Saúl preguntó: «¿Es ésta tu voz, hijo mío David?» Y Saúl lloró en voz alta.

17

Dijo a David: «Tú eres más justo que yo, pues tú me has pagado con bien, mientras que yo te he pagado con mal.

18

Tú has demostrado hoy que has obrado bien conmigo, pues Yahveh me había entregado en tu mano y tú no me mataste.

19

¿Quién, pues, encuentra a su enemigo y le deja irse tranquilo? Yahveh te pague con bien por lo que hoy has hecho conmigo.

20

Ahora sé que ciertamente reinarás, y que el reino de Israel se afirmará en tu mano.

21

Júrame, pues, por Yahveh, que no destruirás mi descendencia después de mí, y que no borrarás mi nombre de la casa de mi padre.»

22

David lo juró a Saúl. Después Saúl se fue a su casa, y David y sus hombres subieron al refugio.

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