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El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.

1 Samuel

Capítulo 30 — David derrota a los amalecitas

1

Cuando David llegó con sus hombres a Siclag al tercer día, los amalecitas habían hecho una incursión por el Negueb y por Siclag; habían tomado a Siclag y la habían incendiado.

2

Se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que había en ella, desde chicos hasta grandes, sin matar a nadie, y siguieron su camino.

3

Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, la encontraron quemada, y sus mujeres, sus hijos y sus hijas, cautivos.

4

Entonces David y el pueblo que le acompañaba alzaron su voz y lloraron hasta que no les quedaron fuerzas para llorar.

5

Las dos mujeres de David, Ajinoam de Jezrael y Abigail de Carmel, mujer de Nabal, habían sido llevadas cautivas.

6

David se halló en gran angustia, porque el pueblo hablaba de apedrearle, pues todos estaban con el alma llena de amargura, cada uno por sus hijos y sus hijas; pero David se fortaleció en Yahveh su Dios.

7

Dijo David al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: «Tráeme, por favor, el efod.» Abiatar trajo el efod a David.

8

David consultó a Yahveh, diciendo: «¿Perseguiré a esa banda? ¿Alcanzaré?» Le respondió: «Persíguela, porque ciertamente la alcanzarás y recobrarás.»

9

Partió David con sus seiscientos hombres, y llegaron al torrente de Besor, donde se detuvieron algunos.

10

David siguió la persecución con cuatrocientos hombres, pues doscientos se quedaron por falta de fuerzas para pasar el torrente de Besor.

11

Encontraron en el campo a un egipcio y lo llevaron a David; le dieron pan y comió, y le dieron de beber agua,

12

y le dieron un pedazo de masa de higos y dos racimos de uvas pasas. Cuando comió, recobró el espíritu, porque no había comido ni bebido en tres días y tres noches.

13

David le preguntó: «¿Quién eres tú y de dónde eres?» Respondió: «Soy un muchacho egipcio, siervo de un amalecita. Mi señor me abandonó porque caí enfermo hace tres días.

14

Nosotros hicimos una incursión en el Negueb de los cereteos, en el de Judá, y en el Negueb de Caleb, y prendimos fuego a Siclag.»

15

David le preguntó: «¿Quieres llevarme a esa banda?» El respondió: «Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás a mi señor, y te llevaré a esa banda.»

16

Les llevó, y allí estaban los amalecitas esparcidos por toda la comarca, comiendo, bebiendo y festejando por todo el gran botín que habían tomado de la tierra de los filisteos y de la tierra de Judá.

17

David los batió desde el anochecer hasta la tarde del día siguiente; no se libró ninguno, excepto cuatrocientos jóvenes que montaron en camellos y huyeron.

18

Recobró David todo lo que los amalecitas se habían llevado; libró también a sus dos mujeres.

19

No se perdió nada de lo que habían tomado, ni chico ni grande, ni hijos ni hijas, ni del botín, ni cosa alguna de cuanto habían quitado; todo lo recobró David.

20

Tomó también todas las ovejas y vacas, que fueron conducidas delante de él, y dijeron: «Este es el botín de David.»

21

Llegó David a los doscientos hombres que se habían quedado por falta de fuerzas para seguir a David, y que habían dejado junto al torrente de Besor. Ellos salieron al encuentro de David y del pueblo que con él venía; David se acercó al pueblo y lo saludó.

22

Entonces todos los hombres malvados y perversos entre los que habían ido con David dijeron: «Puesto que no han venido con nosotros, no les daremos nada del botín que hemos recobrado; a cada cual su mujer y sus hijos, que se los lleven y se vayan.»

23

Pero David dijo: «No obréis así, hermanos míos, con lo que Yahveh nos ha dado; él nos ha guardado y ha entregado en nuestra mano la banda que vino contra nosotros.

24

¿Quién os hará caso? Porque la parte del que baja a la batalla será igual a la parte del que se queda con el equipaje; juntos compartirán.»

25

Y desde aquel día en adelante lo estableció como norma y derecho en Israel, hasta hoy.

26

Cuando David llegó a Siclag, envió parte del botín a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: «Aquí tenéis un presente del botín de los enemigos de Yahveh.»

27

A los de Betel, a los de Ramot del Negueb, a los de Jatir,

28

a los de Aroer, a los de Sifmot, a los de Estemoa,

29

a los de Racal, a los de las ciudades de los jerameelitas, a los de las ciudades de los ceneos,

30

a los de Jorma, a los de Corasán, a los de Atac,

31

a los de Hebrón, y a todos los lugares que David y sus hombres habían frecuentado.

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