El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 6 — Devolución del Arca
El arca de Yahveh estuvo en el país de los filisteos siete meses.
Llamaron los filisteos a los sacerdotes y adivinos, y dijeron: «¿Qué haremos con el arca de Yahveh? Indicadnos de qué manera hemos de enviarla a su lugar.»
Ellos respondieron: «Si queréis enviar el arca del Dios de Israel, no la mandéis sin más, sino hacedle una ofrenda de reparación; entonces seréis curados y sabréis por qué no se apartó de vosotros su mano.»
Preguntaron ellos: «¿Cuál será la ofrenda de reparación que hemos de ofrecerle?» Respondieron: «Según el número de los jefes de los filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro; porque la misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros jefes.
Haréis, pues, imágenes de vuestros tumores e imágenes de vuestros ratones que han devastado la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel. Quizá entonces descargue su mano de sobre vosotros, de sobre vuestro dios y de sobre vuestra tierra.
¿Por qué endureceríais vuestro corazón, como lo endurecieron los egipcios y Faraón? ¿No es verdad que, después de haberse ensañado con ellos, los dejaron marchar, y ellos se fueron?
Ahora, pues, tomad y haced una carreta nueva, y tomad dos vacas que críen, a las cuales no se haya puesto yugo, y enganchad las vacas a la carreta, y llevad sus crías a casa, tras ellas.
Tomaréis el arca de Yahveh y la pondréis sobre la carreta, y pondréis a su lado, en una caja, las joyas de oro que ofrecéis en reparación, y la dejaréis que se vaya.
Mirad: si sube por el camino de su territorio hacia Bet Semes, es él quien nos ha causado este gran mal; si no, sabremos que no fue su mano la que nos hirió, sino que fue casualidad.»
Aquellos hombres lo hicieron así: tomaron dos vacas que criaban, las engancharon a la carreta y encerraron en casa sus crías.
Pusieron sobre la carreta el arca de Yahveh, y la caja con los ratones de oro y las imágenes de sus tumores.
Las vacas fueron derecho por el camino de Bet Semes; seguían una misma calzada, y mugían mientras andaban, sin desviarse ni a derecha ni a izquierda. Los jefes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet Semes.
Los de Bet Semes estaban segando el trigo en el valle. Al levantar los ojos y ver el arca, se llenaron de alegría.
La carreta llegó al campo de Josué, el de Bet Semes, y se detuvo allí. Había allí una piedra grande. Partieron la madera de la carreta y ofrecieron las vacas en holocausto a Yahveh.
Los levitas descolgaron el arca de Yahveh y la caja que estaba junto a ella con los objetos de oro, y las pusieron sobre la piedra grande. Los de Bet Semes ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios a Yahveh.
Los cinco jefes de los filisteos, después de verlo, volvieron aquel mismo día a Ecrón.
Estos son los tumores de oro que pagaron los filisteos a Yahveh en reparación: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno.
Y los ratones de oro, según el número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco jefes, desde ciudades fortificadas hasta aldeas sin muralla. La piedra grande sobre la que fue puesto el arca de Yahveh está hasta hoy en el campo de Josué de Bet Semes.
Hirió Yahveh a los de Bet Semes porque habían mirado el arca de Yahveh; hirió a setenta hombres entre el pueblo, y lloró el pueblo por el gran castigo que Yahveh les había dado.
Dijeron los de Bet Semes: «¿Quién podrá resistir delante de Yahveh, este Dios santo? ¿Y hacia quién subirá de nuestra parte?»
Enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat Yearim, diciendo: «Los filisteos han devuelto el arca de Yahveh; descended y llevadla con vosotros.»