El Primer Libro de Samuel es el noveno libro de la Biblia y el primero de los dos libros que narran la transición de Israel de una teocracia liderada por jueces a una monarquía, con Saúl como primer rey y David como su sucesor. Es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo, donde es parte de los 'Profetas Anteriores' (Nevi'im Rishonim). El libro cubre aproximadamente 100 años de la historia de Israel, desde el nacimiento de Samuel hasta la muerte de Saúl.
1 Samuel
Capítulo 9 — Saúl encuentra a Samuel
Había un hombre de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj, hijo de un benjaminita, hombre esforzado y valiente.
Tenía un hijo llamado Saúl, joven y apuesto, y no había entre los israelitas otro más apuesto que él; de hombros arriba sobrepasaba a todo el pueblo.
Se le perdieron a Quis, padre de Saúl, las asnas. Dijo Quis a Saúl, su hijo: «Toma, por favor, contigo a un criado, y vete a buscar las asnas.»
Atravesaron la montaña de Efraín, atravesaron la región de Salisá, y no las hallaron; atravesaron la región de Saalín, y nada; la región de Benjamín, y no las hallaron.
Llegados a la región de Zuf, dijo Saúl a su criado: «Ven, volvámonos, no sea que mi padre deje ya las asnas y se apene por nosotros.»
El criado le respondió: «Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios, un hombre respetable; todo lo que él dice se cumple sin falta. Vayamos allá; quizá nos indique el camino que hemos de tomar.»
Dijo Saúl a su criado: «Si vamos, ¿qué llevaremos al hombre? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos nada que ofrecer al hombre de Dios. ¿Qué tenemos?»
El criado volvió a responder a Saúl: «Mira, tengo yo a mano la cuarta parte de un siclo de plata. Se lo daré al hombre de Dios, y él nos indicará nuestro camino.»
Antiguamente en Israel, cuando uno iba a consultar a Dios, decía: «Vamos donde el vidente»; porque al que hoy se llama profeta, antes se le llamaba vidente.
Dijo Saúl a su criado: «Bien dicho; ven, vayamos.» Y fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.
Mientras subían por la cuesta de la ciudad, encontraron a unas muchachas que salían a sacar agua, y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?»
Ellas les respondieron: «Sí, allí está, delante de ti; date prisa, porque hoy ha venido a la ciudad, ya que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el alto.
Al entrar en la ciudad, le encontraréis antes de que suba al alto a comer; pues la gente no come hasta que él llegue, porque él bendice el sacrificio, y después comen los invitados. Subid, pues, ahora mismo, que ahora le encontraréis.»
Subieron, pues, a la ciudad, y cuando entraron en ella, he aquí que Samuel salía a su encuentro, para subir al alto.
Un día antes de que Saúl llegase, Yahveh había revelado a Samuel (diciéndole):
«Mañana a esta misma hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín; le ungirás como jefe de mi pueblo Israel, y él salvará a mi pueblo de la mano de los filisteos; porque he mirado la aflicción de mi pueblo, y su clamor ha llegado hasta mí.»
Cuando Samuel vio a Saúl, Yahveh le dijo: «Ahí tienes al hombre de quien te hablé; éste gobernará a mi pueblo.»
Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta y dijo: «Dime, por favor, ¿dónde está la casa del vidente?»
Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente; sube delante de mí al alto, y comed hoy conmigo; mañana te dejaré ir, y te diré todo cuanto piensas.
En cuanto a las asnas que se te perdieron hace tres días, no te preocupes, que ya han aparecido. Además, ¿para quién es todo lo mejor de Israel? ¿No es para ti y para toda la casa de tu padre?»
Saúl respondió: «¿No soy yo benjaminita, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia, ¿no es la más insignificante de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué me dices eso?»
Samuel tomó a Saúl y a su criado, los llevó a la sala y les dio un puesto entre los invitados, que eran unos treinta hombres.
Dijo Samuel al cocinero: «Sirve la porción que te di, aquella de la que te dije: “Guárdala aparte.”»
El cocinero tomó la pierna, la puso delante de Saúl, y dijo: «Aquí tienes lo reservado; come, pues se te guardó para cuando vinieras con el pueblo.» Y comió Saúl con Samuel aquel día.
Después bajaron del alto a la ciudad, y se habló con Saúl en la azotea.
Se levantaron de madrugada. Al amanecer, llamó Samuel a Saúl, en la azotea, diciendo: «Levántate, que te despida.» Saúl se levantó, y salieron los dos fuera, él y Samuel.
Cuando bajaban hacia las afueras de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: «Di al criado que pase delante»; y cuando pasó, añadió: «Tú quédate ahora, para que te comunique la palabra de Dios.»