El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 15
«Al cabo de cada siete años harás la remisión.
Esta es la manera de la remisión: todo acreedor que haya prestado algo a su prójimo, lo remitirá; no lo exigirá a su prójimo ni a su hermano, porque se proclama la remisión en honor de Yahveh.
Del extranjero podrás exigirlo; pero lo que tengas con tu hermano lo remitirás.
«Así no habrá pobre entre vosotros, porque Yahveh te bendecirá abundantemente en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la poseas,
si escuchas la voz de Yahveh tu Dios, cuidando de poner por obra todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy.
Porque Yahveh tu Dios te bendecirá como te ha dicho; prestarás a muchas naciones, pero no tomarás prestado; dominarás sobre muchas naciones, pero ellas no te dominarán.
«Si hay en medio de ti algún pobre, de entre tus hermanos, en alguna de tus ciudades, en la tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurezcas tu corazón ni cierres tu mano a tu hermano pobre;
antes bien, le abrirás tu mano y le prestarás cuanto necesite para cubrir su necesidad.
Cuídate de no albergar en tu corazón ese pensamiento perverso: "Se acerca el año séptimo, el año de la remisión", y mires con malos ojos a tu hermano pobre, y no le des nada; entonces él clamará a Yahveh contra ti, y te será imputado como pecado.
Le darás sin reserva, y sin que te pese el darle, porque por ello te bendecirá Yahveh tu Dios en todas tus obras y en todo cuanto emprendas.
Pues nunca faltarán pobres en medio de la tierra; por eso yo te mando: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.
«Si se vende a ti tu hermano hebreo o hebrea, te servirá seis años, y al séptimo año le dejarás libre.
Y cuando le dejes libre, no lo despedirás con las manos vacías;
le cargarás de dones de tu rebaño, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello con que Yahveh tu Dios te haya bendecido.
Recuerda que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Yahveh tu Dios te redimió; por eso te mando esto hoy.
Pero si él te dice: "No quiero salir de tu casa", porque te ama a ti y a tu familia, ya que le va bien contigo,
entonces tomarás una lezna y se la pasarás por la oreja contra la puerta, y será para siempre siervo tuyo. Lo mismo harás con tu sierva.
«No te parezca duro dejarle libre, porque el doble del jornal de un jornalero te ha servido seis años; y Yahveh tu Dios te bendecirá en todo cuanto hagas.
«Consagrarás a Yahveh tu Dios todo primogénito macho que nazca de tu vaca o de tu oveja. No harás trabajar al primogénito de tu vaca, ni trasquilarás al primogénito de tu oveja.
Los comerás cada año delante de Yahveh tu Dios, tú y tu familia, en el lugar que Yahveh elija.
Pero si tiene algún defecto, si es cojo o ciego, o cualquier otro mal, no lo sacrificarás a Yahveh tu Dios.
Lo comerás dentro de tus ciudades; el impuro y el puro podrán comerlo, como de gacela o de ciervo.
Pero no comerás su sangre; la derramarás sobre la tierra como agua.»