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El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.

Deuteronomio

Capítulo 20

1

«Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y veas caballos y carros, un pueblo más numeroso que tú, no les tengas miedo, porque Yahveh tu Dios está contigo, el que te subió de la tierra de Egipto.

2

Cuando estéis para dar la batalla, el sacerdote se acercará y hablará al pueblo,

3

y les dirá: "Oye, Israel: hoy vais a dar la batalla contra vuestros enemigos; no se acobarde vuestro corazón, no tengáis miedo ni tembléis, ni os aterroricéis delante de ellos;

4

porque Yahveh vuestro Dios va con vosotros a pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros."

5

«Los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: "¿Quién es el hombre que ha edificado casa nueva y no la ha estrenado? Vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro la estrene.

6

¿Quién es el hombre que ha plantado una viña y no ha disfrutado de ella? Vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro la disfrute.

7

¿Quién es el hombre que se ha desposado con una mujer y no la ha tomado? Vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y otro la tome."

8

«Los oficiales seguirán hablando al pueblo, diciendo: "¿Quién es el hombre temeroso y pusilánime? Vaya y vuélvase a su casa, no sea que infunda temor en el corazón de sus hermanos como el suyo."

9

Y cuando los oficiales hayan terminado de hablar al pueblo, designarán jefes de tropa a la cabeza del pueblo.

10

«Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, le intimarás primero la paz.

11

Si te responde pacíficamente y te abre sus puertas, entonces todo el pueblo que se halle en ella te servirá como tributario.

12

Pero si no hace la paz contigo, sino que te hace la guerra, entonces la sitiarás.

13

Y cuando Yahveh tu Dios la entregue en tu mano, pasarás a filo de espada a todos sus varones.

14

Solamente las mujeres, los niños, los ganados y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti; y comerás el botín de tus enemigos que Yahveh tu Dios te ha dado.

15

«Así harás con todas las ciudades que están muy lejos de ti, que no son de estas naciones.

16

Pero en las ciudades de estos pueblos que Yahveh tu Dios te da en herencia, no dejarás con vida nada que respire.

17

Consagrarás al anatema al hitita, al amorreo, al cananeo, al fereceo, al heveo y al jebuseo, como Yahveh tu Dios te ha mandado,

18

para que no os enseñen a cometer todas las abominaciones que ellos hacen con sus dioses, y pequéis contra Yahveh vuestro Dios.

19

«Cuando sities una ciudad durante muchos días, combatiéndola para conquistarla, no destruirás sus árboles a golpe de hacha, porque de ellos podrás comer; no los talarás. ¿Acaso son hombres los árboles del campo para que los pongas en el sitio?

20

Solamente los árboles que sepas que no son árboles frutales podrás destruirlos y talarlos para construir máquinas de sitio contra la ciudad que te hace la guerra, hasta que caiga.»

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