El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 26
«Cuando hayas entrado en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia, y la poseas y habites en ella,
tomarás las primicias de todos los frutos del suelo, que hayas cosechado de tu tierra, que Yahveh tu Dios te da; las pondrás en un cesto, e irás al lugar que Yahveh tu Dios elija para hacer morar allí su nombre.
Te presentarás al sacerdote que haya en aquellos días, y le dirás: "Declaro hoy a Yahveh tu Dios que he entrado en la tierra que Yahveh juró a nuestros padres que nos daría."
El sacerdote tomará el cesto de tu mano y lo pondrá delante del altar de Yahveh tu Dios.
Y tú pronunciarás estas palabras delante de Yahveh tu Dios: "Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto con poca gente y residió allí, hasta llegar a ser una nación grande, fuerte y numerosa.
Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre.
Clamamos entonces a Yahveh, Dios de nuestros padres, y Yahveh oyó nuestra voz, y vio nuestra opresión, nuestra fatiga y nuestra angustia.
Y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y con prodigios.
Nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel.
Y ahora traigo las primicias de los frutos del suelo que tú, Yahveh, me has dado." Las pondrás delante de Yahveh tu Dios, y te postrarás delante de Yahveh tu Dios.
Te regocijarás por todo el bien que Yahveh tu Dios te ha dado a ti y a tu casa, tú, el levita y el extranjero que habita en medio de ti.
«Cuando hayas acabado de apartar todo el diezmo de tus productos en el tercer año, el año del diezmo, y lo hayas dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, y coman hasta saciarse en tus ciudades,
dirás delante de Yahveh tu Dios: "He retirado de mi casa lo consagrado, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido ni olvidado ninguno de tus mandamientos.
No he comido de ello en mi duelo, ni he consumido nada de ello estando impuro, ni he dado nada de ello a un muerto. He escuchado la voz de Yahveh mi Dios, he obrado conforme a todo lo que me has mandado.
Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que mana leche y miel."
«Este día Yahveh tu Dios te manda poner en práctica estos estatutos y estas leyes; los guardarás y los pondrás por obra con todo tu corazón y con toda tu alma.
Has declarado hoy que Yahveh será tu Dios, que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus leyes, y que escucharás su voz.
Y Yahveh ha declarado hoy que tú serás su pueblo personal, como te ha dicho, y que guardarás todos sus mandamientos;
y que él te pondrá por encima, en gloria, renombre y esplendor, de todas las naciones que hizo, y serás un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios, como él ha dicho.»