El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 28
«Si obedeces fielmente la voz de Yahveh tu Dios, cuidando de poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, Yahveh tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.
Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán, si escuchas la voz de Yahveh tu Dios:
Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo.
Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, la cría de tus vacas y el aumento de tus ovejas.
Bendita tu cesta y tu artesa.
Bendito serás al entrar y bendito al salir.
«Yahveh derrotará delante de ti a tus enemigos que se levanten contra ti; por un solo camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán ante ti.
Yahveh mandará a la bendición contigo en tus graneros y en todas tus empresas; te bendecirá en la tierra que Yahveh tu Dios te da.
Yahveh te constituirá para sí como pueblo santo, como te lo ha jurado, si guardas los mandamientos de Yahveh tu Dios y andas en sus caminos.
Todos los pueblos de la tierra verán que el nombre de Yahveh es invocado sobre ti, y te temerán.
Yahveh te hará abundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el fruto de tu suelo, sobre la tierra que Yahveh juró a tus padres que te daría.
Yahveh te abrirá su buen tesoro, el cielo, para dar la lluvia a tu tierra a su tiempo y para bendecir toda obra de tus manos; y prestarás a muchas naciones, y no tomarás prestado.
Yahveh hará que seas cabeza y no cola; estarás siempre arriba y nunca abajo, si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios, que yo te prescribo hoy, para que los guardes y los pongas en práctica,
y no te apartes de todas las palabras que yo os prescribo hoy, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir tras otros dioses ajenos y servirlos.
«Pero si no escuchas la voz de Yahveh tu Dios, y no cuidas de poner por obra todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te prescribo hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán:
Maldito serás en la ciudad y maldito en el campo.
Maldita tu cesta y tu artesa.
Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, la cría de tus vacas y el aumento de tus ovejas.
Maldito serás al entrar y maldito al salir.
«Yahveh enviará contra ti la maldición, la turbación y la amenaza en todas las empresas que emprendas, hasta que seas destruido y perezcas pronto, a causa de la maldad de tus obras, por haberme abandonado.
Yahveh te pegará la peste, hasta que te consuma sobre la tierra adonde vas a entrar para poseerla.
Yahveh te herirá de tisis, fiebre, inflamación, ardor, sequía, añublo y añeja; te perseguirán hasta que perezcas.
El cielo sobre tu cabeza será de bronce, y la tierra bajo tus pies será de hierro.
Yahveh enviará como lluvia sobre tu tierra polvo y ceniza; del cielo descenderán sobre ti hasta que seas destruido.
«Yahveh te hará caer derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás motivo de espanto para todos los reinos de la tierra.
Tu cadáver servirá de pasto a todas las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y no habrá quien las espante.
Yahveh te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna y con tiña, de las que no puedas curarte.
Yahveh te herirá con locura, ceguera y desvarío.
Andarás a tientas al mediodía, como anda a ciegas el ciego en la oscuridad, y no prosperarás en tus caminos; serás oprimido y robado todos los días, sin que nadie te salve.
«Te desposarás con una mujer, y otro se acostará con ella; edificarás una casa, y no la habitarás; plantarás una viña, y no la disfrutarás.
Tu buey será degollado ante tus ojos, y no comerás de él; tu asno será robado delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán entregadas a tus enemigos, y no habrá quien te salve.
Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán y desfallecerán por ellos todo el día, pero no podrás hacer nada.
El fruto de tu suelo y todo tu trabajo los comerá un pueblo que no conociste; no serás sino oprimido y aplastado siempre.
Te volverás loco por lo que veas con tus ojos.
Yahveh te herirá con malignas úlceras en las rodillas y en las piernas, de las que no puedas curarte, desde la planta de tu pie hasta la coronilla.
«Yahveh te llevará a ti y al rey que hayas puesto sobre ti a una nación que no conociste ni tú ni tus padres, y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra.
Y serás la burla, el proverbio y el refrán de todos los pueblos adonde Yahveh te lleve.
«Llevarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta la devorará.
Plantarás viñas y las labrarás, pero no beberás vino ni recogerás uva, porque el gusano la comerá.
Tendrás olivos por todo tu territorio, pero no te ungirás con aceite, porque se caerá tu aceituna.
Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para ti, porque irán al cautiverio.
La langosta consumirá todos tus árboles y el fruto de tu suelo.
«El extranjero que habita en medio de ti se elevará cada vez más por encima de ti, y tú descenderás cada vez más.
Él te prestará a ti, y no le prestarás tú a él; él será cabeza, y tú serás cola.
«Todas estas maldiciones vendrán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán hasta que seas destruido, por no haber escuchado la voz de Yahveh tu Dios, ni haber guardado los mandamientos y estatutos que te prescribió.
Serán para ti como una señal y un prodigio, y para tu descendencia para siempre.
Por no haber servido a Yahveh tu Dios con alegría y con gozo de corazón, a pesar de la abundancia de todo,
servirás a tus enemigos que Yahveh enviará contra ti, en medio de hambre, de sed, de desnudez y de toda necesidad; él pondrá un yugo de hierro sobre tu cuello, hasta haberte destruido.
«Yahveh traerá contra ti desde lejos, desde el extremo de la tierra, una nación que vuela como el águila, una nación cuya lengua no entenderás,
una nación de semblante feroz, que no respetará al anciano ni tendrá compasión del niño.
Devorará el fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo, hasta que seas destruido; no te dejará trigo, mosto, aceite, cría de tus vacas ni aumento de tus ovejas, hasta hacerte perecer.
Te sitiará en todas tus ciudades, hasta que caigan en toda tu tierra las altas y fortificadas murallas en que confías; te sitiará en todas tus ciudades, en toda la tierra que Yahveh tu Dios te ha dado.
«Comerás el fruto de tus entrañas, la carne de tus hijos y de tus hijas que Yahveh tu Dios te ha dado, durante el asedio y la angustia a que te someterá tu enemigo.
El hombre más refinado y más delicado de entre vosotros mirará con malos ojos a su hermano, a la esposa de su seno y a los hijos que le queden,
para no dar a ninguno de ellos la carne de sus hijos que él come, por no haberle quedado nada, durante el asedio y la angustia a que te someterá tu enemigo en todas tus ciudades.
La mujer más refinada y delicada de entre vosotros, que por su delicadeza y refinamiento ni siquiera probaba a poner la planta de su pie en el suelo, mirará con malos ojos a la esposa de su seno, a su hijo y a su hija,
y a sus secundinas que salen de entre sus piernas, y a los hijos que da a luz; porque los comerá a escondidas, por falta de todo, durante el asedio y la angustia a que te someterá tu enemigo en tus ciudades.
«Si no cuidas de poner por obra todas las palabras de esta ley escritas en este libro, temiendo este Nombre glorioso y terrible de Yahveh tu Dios,
Yahveh multiplicará tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y duraderas, enfermedades malignas y persistentes.
Hará volver a ti todas las enfermedades de Egipto que temiste, y se te pegarán.
También toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en este libro de la ley, Yahveh te las enviará hasta que seas destruido.
Quedaréis pocos hombres, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en número, por no haber escuchado la voz de Yahveh tu Dios.
«Y sucederá que, así como Yahveh se complacía en vosotros para haceros bien y para multiplicaros, así se complacerá Yahveh en vosotros para destruiros y exterminaros; y seréis arrancados de la tierra en que entras para poseerla.
Yahveh te dispersará entre todos los pueblos, de un extremo de la tierra al otro, y allí servirás a otros dioses, que no conociste ni tú ni tus padres, dioses de madera y de piedra.
Y entre esas naciones no vivirás tranquilo, ni la planta de tu pie hallará descanso; porque Yahveh te dará allí un corazón tembloroso, unos ojos desfallecidos y un alma angustiada.
Tu vida pendirá como de un hilo; estarás temblando de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida.
Por la mañana dirás: "¡Ojalá fuera ya la tarde!", y por la tarde dirás: "¡Ojalá fuera ya la mañana!", por el miedo de tu corazón que sentirás, y por lo que verán tus ojos.
Yahveh te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te dije: "No lo volverás a ver". Y allí os venderéis a vuestros enemigos como esclavos y esclavas, y no habrá comprador.»