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El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.

Deuteronomio

Capítulo 32

1

«Escuchad, cielos, lo que voy a decir; oye, tierra, las palabras de mi boca.

2

Gotee como lluvia mi enseñanza, destile como rocío mi palabra, como llovizna sobre el césped, como aguacero sobre la hierba.

3

Porque el nombre de Yahveh proclamaré: ¡Dad gloria a nuestro Dios!

4

Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; es Dios fiel, sin maldad, justo y recto.

5

Mas ellos se han corrompido; no son sus hijos, sino una raza torcida y perversa.

6

¿Así pagas a Yahveh, pueblo insensato e inhábil? ¿No es él tu padre que te creó? El te hizo y te estableció.

7

Acuérdate de los días antiguos, considera los años de generación en generación; pregunta a tu padre, y él te informará; a tus ancianos, y ellos te dirán:

8

Cuando el Altísimo daba a las naciones su herencia, cuando dividía la humanidad, fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

9

Porque la porción de Yahveh es su pueblo, Jacob es la parte de su herencia.

10

Lo halló en tierra desierta, en un desierto aullador y solitario; lo rodeó, lo cuidó, lo guardó como a la niña de sus ojos.

11

Como el águila que despierta su nidada y revolotea sobre sus pollos, despliega sus alas, los toma y los lleva sobre sus plumas,

12

así Yahveh solo lo condujo, sin dioses extraños con él.

13

Lo hizo cabalgar sobre las alturas de la tierra, comer el fruto de los campos; le hizo gustar miel de la roca y aceite del pedernal;

14

cuajada de vacas y leche de ovejas, con grasa de corderos y carneros de Basán y de machos cabríos, con lo mejor del trigo; y bebiste vino, sangre de uvas.

15

Engordó Jesurún, y dio coces (engordaste, te hinchaste, te cebaste), y abandonó al Dios que lo hizo, y despreció a la Roca de su salvación.

16

Le movieron a celos con dioses extraños, le irritaron con abominaciones.

17

Sacrificaron a los demonios, que no son Dios; a dioses que no habían conocido, nuevos, venidos de cerca, que no habían venerado sus padres.

18

A la Roca que te engendró abandonaste, te olvidaste del Dios que te dio a luz.

19

Yahveh lo vio y se indignó, irritado por sus hijos y sus hijas.

20

Dijo: "Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál es su fin; porque son una generación perversa, hijos infieles.

21

Me han movido a celos con lo que no es Dios, me han irritado con sus vanidades; pues yo los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, con una nación insensata los irritaré.

22

Porque un fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del seol, consumirá la tierra con sus frutos, y abrasará los cimientos de los montes.

23

"Amontonaré sobre ellos calamidades, gastaré en ellos todas mis saetas.

24

"Serán consumidos de hambre, devorados de fiebre y de peste amarga; dientes de fieras enviaré contra ellos, con veneno de reptiles del polvo.

25

Fuera, la espada los privará de hijos; dentro, el terror; sucumbirán el joven y la doncella, el niño de pecho y el anciano.

26

Yo diría: Los dispersaré, haré desaparecer su memoria de entre los hombres,

27

si no temiera la jactancia del enemigo, no fuera que sus adversarios se engañaran, que dijeran: Nuestra mano se ha levantado, no ha sido Yahveh quien ha hecho todo esto."

28

Porque son una nación sin consejo, y no hay en ellos inteligencia.

29

¡Ojalá fueran sabios, comprendieran esto, y pensaran en su fin!

30

¿Cómo podría uno perseguir a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido, y Yahveh no los hubiera entregado?

31

Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, como nuestros enemigos mismos reconocen.

32

Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los campos de Gomorra; sus uvas son uvas ponzoñosas, racimos amargos.

33

Su vino es veneno de dragones, y ponzoña cruel de áspides.

34

“¿No está esto guardado por mí, sellado en mis tesoros?”

35

“Mía es la venganza y la retribución, a su tiempo vacilará su pie; porque cercano está el día de su ruina, y se apresura lo que les espera.”

36

Porque Yahveh hará justicia a su pueblo, y de sus siervos se compadecerá, cuando vea que su poder se ha ido, y que no queda ni esclavo ni libre.

37

Entonces dirá: “¿Dónde están sus dioses, la roca en que se amparaban?

38

Que comían la grasa de sus sacrificios, bebían el vino de sus libaciones? ¡Levántense ellos y os socorran, sean ellos vuestro refugio!”

39

“Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses junto a mí; yo hago morir y hago vivir, yo hiero y yo curo, y no hay quien de mi mano libre.

40

Porque levanto al cielo mi mano, y digo: ¡Vivo yo para siempre,

41

si afilo el fulgor de mi espada, y mi mano se apresta para el juicio, daré venganza a mis adversarios, y a los que me aborrecen pagaré.

42

Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne: sangre de muertos y cautivos, cabezas de los caudillos del enemigo.”

43

Aclamad, naciones, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, tomará venganza de sus adversarios, y expiará la tierra de su pueblo.»

44

Moisés vino, y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él y Oseas, hijo de Nun.

45

Cuando Moisés acabó de decir todas estas palabras a todo Israel,

46

les dijo: «Poned vuestro corazón a todas las palabras que yo os advierto hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley.

47

Porque no es palabra vana para vosotros, pues es vuestra vida, y por esta ley prolongaréis vuestros días sobre la tierra que vais a poseer, pasando el Jordán.»

48

Aquel mismo día Yahveh habló a Moisés, diciendo:

49

«Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy en posesión a los israelitas.

50

Y morirás en el monte al que subas, y serás reunido a tu pueblo, como murió tu hermano Aarón en el monte Hor, y fue reunido a su pueblo;

51

por cuanto fuisteis infieles contra mí en medio de los israelitas, en las aguas de Meribá de Cadés, en el desierto de Sin, por no haberme santificado en medio de los israelitas.

52

Desde lejos verás la tierra, pero no entrarás en ella, en la tierra que yo doy a los israelitas.»

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