El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 33
Esta es la bendición que Moisés, el hombre de Dios, pronunció sobre los israelitas antes de morir.
Dijo: «Yahveh vino de Sinaí, les brilló desde Seír, apareció desde el monte Parán, y llegó con miríadas de santos; a su derecha el fuego de la ley para ellos.
Ciertamente ama a los pueblos; todos sus santos están en tu mano; ellos se postran a tus pies, y aprenden de tus palabras.
Una ley nos prescribió Moisés, herencia de la asamblea de Jacob.
Yahveh fue rey en Jesurún, cuando se reunieron los jefes del pueblo, juntamente con las tribus de Israel.
«Viva Rubén, y no muera, aunque sean pocos sus hombres.»
Y esto para Judá. Dijo: «Oye, Yahveh, la voz de Judá, y haz que vuelva a su pueblo; sus manos le defienden, y tú serás ayuda contra sus adversarios.»
De Leví dijo: «Tu Tumim y tu Urim sean para tu fiel, a quien probaste en Masá, y con quien contendiste en las aguas de Meribá;
el que dice de su padre y de su madre: "No los he visto"; no reconoció a sus hermanos, ni conoce a sus hijos, porque guardaron tu palabra y observaron tu alianza.
Ellos enseñan tus leyes a Jacob, y tu ley a Israel; ponen incienso en tus narices, y holocausto sobre tu altar.
Bendice, Yahveh, su poderío, y acepta la obra de sus manos; hiere los lomos de los que contra él se levantan, y de sus enemigos, para que no se levanten.»
De Benjamín dijo: «El amado de Yahveh habitará seguro cerca de él; Yahveh lo protege siempre, y habita entre sus hombros.»
De José dijo: «Bendita por Yahveh sea su tierra; con lo mejor del cielo, con el rocío y con el abismo que está abajo;
con lo más selecto de los frutos del sol, con lo más selecto de los productos de las lunas,
con lo mejor de los montes antiguos, con lo mejor de las colinas eternas,
con lo más selecto de la tierra y de su plenitud. Gracia del que habitó en la zarza, venga sobre la cabeza de José, sobre la coronilla del príncipe de sus hermanos.
Su primogénito es un toro, tiene cuernos de búfalo; con ellos corneará a los pueblos juntos hasta los confines de la tierra. Tales son las miríadas de Efraím, tales los millares de Manasés.»
De Zabulón dijo: «Alégrate, Zabulón, en tus expediciones, e Isacar, en tus tiendas.
A los montes convocarán los pueblos; allí ofrecerán sacrificios de justicia; pues chuparán la abundancia de los mares, los tesoros escondidos de la arena.»
De Gad dijo: «Bendito el que ensancha a Gad; habita como leona, y desgarra el brazo y la cabeza.
Ha escogido lo mejor para sí, porque allí está reservada la porción del legislador; marcha a la cabeza del pueblo, ejecuta la justicia de Yahveh y sus juicios con Israel.»
De Dan dijo: «Dan es cachorro de león que salta desde Basán.»
De Neftalí dijo: «Neftalí, colmado de favores, lleno de la bendición de Yahveh, posee el occidente y el mediodía.»
De Aser dijo: «Bendito sea Aser entre los hijos; sea agradable a sus hermanos, y bañe en aceite su pie.
De hierro y bronce son tus cerrojos, y como tus días, tu reposo.»
«No hay como el Dios de Jesurún, que cabalga por los cielos para ayudarte, y en su majestad por las nubes.
Morada del Dios eterno, debajo están los brazos eternos; él arrojó de delante de ti al enemigo, y dijo: "Destruye."
Israel habita seguro, la fuente de Jacob está sola en tierra de trigo y mosto; también sus cielos destilan rocío.
¡Bienaventurado tú, Israel! ¿Quién como tú, pueblo salvado por Yahveh, escudo de tu ayuda, espada de tu gloria? Tus enemigos te adularán, y tú hollarás sus alturas.»