El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 4
«Ahora, pues, Israel, oye los estatutos y las leyes que yo os enseño para que los pongáis en práctica, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que Yahveh, el Dios de vuestros padres, os da.
No añadiréis nada a lo que yo os mando, ni quitaréis nada; guardaréis los mandamientos de Yahveh vuestro Dios que yo os prescribo.
Vuestros ojos han visto lo que hizo Yahveh en Baal-Peor, pues a todo hombre que siguió a Baal-Peor, Yahveh tu Dios lo destruyó de entre vosotros.
Pero vosotros, los que estuvisteis unidos a Yahveh vuestro Dios, estáis hoy todos vivos.
Mirad, yo os he enseñado los estatutos y las leyes, como Yahveh mi Dios me mandó, para que los pongáis en práctica en medio de la tierra en la que vais a entrar para tomar posesión de ella.
Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esa será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales, cuando oigan todos estos estatutos, dirán: "Ciertamente pueblo sabio e inteligente es esta gran nación."
Porque ¿qué nación grande tiene dioses tan cercanos como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?
¿Y qué nación grande tiene estatutos y leyes tan justas como toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?
«Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no olvides las cosas que han visto tus ojos, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos.
El día que estuviste delante de Yahveh tu Dios en Horeb, cuando Yahveh me dijo: "Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, y aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra, y las enseñen a sus hijos",
os acercasteis y estuvisteis al pie del monte; el monte ardía en fuego hasta el corazón de los cielos, entre tinieblas, nube y oscuridad.
Yahveh os habló de en medio del fuego; oíais la voz de las palabras, pero no veíais figura alguna; sólo una voz.
El os declaró su alianza, que os mandó poner en práctica: los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.
A mí me mandó Yahveh en aquel tiempo que os enseñara los estatutos y las leyes, para que los pusierais en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomar posesión de ella.
«Guardad, pues, con mucha diligencia vuestras almas, pues ninguna figura visteis el día que Yahveh os habló en Horeb de en medio del fuego;
no sea que os corrompáis y os hagáis una imagen tallada, figura de cualquier forma, semejanza de varón o de hembra,
semejanza de cualquier animal de la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela por los cielos,
semejanza de cualquier reptil que se arrastra por el suelo, semejanza de cualquier pez que vive en las aguas debajo de la tierra;
no sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol, la luna, las estrellas, todo el ejército del cielo, te dejes seducir y te postres ante ellos y les rindas culto, cosas que Yahveh tu Dios ha concedido a todos los pueblos debajo de todo el cielo.
Pero a vosotros Yahveh os tomó y os sacó del horno de hierro de Egipto, para que seáis el pueblo de su herencia, como lo sois hoy.
Yahveh se enojó contra mí por vuestra causa, y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia.
Porque yo voy a morir en esta tierra, sin pasar el Jordán; mas vosotros pasaréis y poseeréis esa buena tierra.
Guardaos, no sea que olvidéis la alianza que Yahveh vuestro Dios ha hecho con vosotros, y os hagáis una imagen tallada de cualquier cosa que Yahveh tu Dios te ha prohibido.
Porque Yahveh tu Dios es fuego devorador, Dios celoso.
«Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y envejezcáis en la tierra, si os corrompéis y os hacéis una imagen tallada de cualquier cosa, y hacéis lo malo ante los ojos de Yahveh tu Dios, provocándole a ira,
yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra que pronto pereceréis totalmente de la tierra en la que vais a pasar el Jordán para tomar posesión de ella; no prolongaréis allí vuestros días, sino que seréis completamente destruidos.
Yahveh os dispersará entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las que os llevará Yahveh.
Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
Mas si desde allí buscas a Yahveh tu Dios, le encontrarás, si le buscas de todo tu corazón y de toda tu alma.
Cuando estés en angustia, y te sobrevengan todas estas cosas, al cabo de los días, volverás a Yahveh tu Dios y escucharás su voz;
porque Yahveh tu Dios es Dios misericordioso, no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará la alianza que juró a tus padres.
«Porque pregunta ahora sobre los tiempos antiguos, que fueron antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde un extremo del cielo al otro: ¿ha sucedido jamás cosa tan grande como ésta, o se ha oído cosa semejante?
¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y ha quedado con vida?
O ¿ha intentado dios alguno venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, señales, prodigios, guerra, mano fuerte, brazo extendido y grandes terrores, como hizo con vosotros Yahveh vuestro Dios en Egipto, ante vuestros propios ojos?
A ti se te ha mostrado para que sepas que Yahveh es Dios; no hay otro fuera de él.
Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte, y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y has oído sus palabras de en medio del fuego.
Porque amó a tus padres y escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder,
para desposeer a naciones más grandes y más poderosas que tú delante de ti, y para introducirte y darte su tierra en herencia, como sucede hoy.
Reconoce, pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Yahveh es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.
Guardarás sus estatutos y sus mandamientos que yo te prescribo hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Yahveh tu Dios te da para siempre.»
Entonces Moisés apartó tres ciudades al otro lado del Jordán, hacia el oriente,
para que huyera allí el homicida que hubiera matado a su prójimo sin intención y sin haberle tenido enemistad antes, y para que poniéndose a salvo en una de esas ciudades, salvara su vida:
Bezer, en el desierto, en la meseta, para los rubenitas; Ramot, en Galaad, para los gaditas; y Golán, en Basán, para los manasitas.
Esta es la ley que Moisés propuso a los israelitas.
Estos son los testimonios, los estatutos y las leyes que Moisés dio a los israelitas cuando salieron de Egipto,
al otro lado del Jordán, en el valle frente a Bet-Peor, en la tierra de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón, a quien derrotaron Moisés y los israelitas cuando salieron de Egipto.
Tomaron posesión de su tierra y de la tierra de Og, rey de Basán, dos reyes de los amorreos, al otro lado del Jordán, hacia el oriente,
desde Aroer, que está a orillas del torrente Arnón, hasta el monte Sirión, que es el Hermón,
y toda la Arabá al otro lado del Jordán, al oriente, hasta el mar de la Arabá, al pie de las laderas del Pisgá.