El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 5
Moisés convocó a todo Israel y les dijo: «Oye, Israel, los estatutos y las leyes que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos y guardadlos poniéndolos en práctica.
Yahveh nuestro Dios hizo alianza con nosotros en Horeb.
No con nuestros padres hizo Yahveh esta alianza, sino con nosotros, con los que estamos aquí hoy todos vivos.
Cara a cara os habló Yahveh en el monte, de en medio del fuego,
mientras yo estaba entre Yahveh y vosotros para comunicaros la palabra de Yahveh, porque vosotros tuvisteis miedo del fuego y no subisteis al monte. Él dijo:
Yo soy Yahveh tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.
No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás imagen tallada, ni figura alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra, o en las aguas debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo, Yahveh tu Dios, soy Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
y que tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.
No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano, porque Yahveh no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano.
Guardarás el día del sábado para santificarlo, como Yahveh tu Dios te ha mandado.
Seis días trabajarás y harás toda tu faena,
pero el día séptimo es sábado para Yahveh tu Dios; no harás ninguna faena, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.
Recuerda que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por eso Yahveh tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado.
Honra a tu padre y a tu madre, como Yahveh tu Dios te ha mandado, para que se prolonguen tus días y te vaya bien sobre la tierra que Yahveh tu Dios te da.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No dirás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.
«Estas palabras las dijo Yahveh a toda vuestra asamblea en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, con voz potente, y nada más añadió. Las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó.
Sucedió que cuando oísteis la voz de en medio de las tinieblas, mientras el monte ardía en fuego, os acercasteis a mí, todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos,
y dijisteis: "Yahveh nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios puede hablar al hombre y éste seguir con vida.
Y ahora, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos va a consumir; si seguimos oyendo la voz de Yahveh nuestro Dios, moriremos.
Porque ¿qué mortal hay que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya quedado con vida?
Acércate tú y oye todo lo que diga Yahveh nuestro Dios; tú nos lo dirás luego; nosotros lo oiremos y lo pondremos en práctica."
«Oyó Yahveh la voz de vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo: "He oído la voz de las palabras de este pueblo que te ha hablado; está bien todo lo que han dicho.
¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temieran y guardaran todos mis mandamientos siempre, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!
Ve y diles: Volved a vuestras tiendas.
Tú, quédate aquí conmigo y te diré todos los mandamientos, los estatutos y las leyes que les has de enseñar, para que los pongan en práctica en la tierra que les voy a dar en posesión."
«Guardad, pues, poniéndolos por obra, como Yahveh vuestro Dios os ha mandado; no os desviéis ni a la derecha ni a la izquierda.
Andad en todo el camino que Yahveh vuestro Dios os ha prescrito, para que viváis, os vaya bien y prolonguéis vuestros días en la tierra que habéis de poseer.»