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El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.

Deuteronomio

Capítulo 7

1

«Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra que vas a poseer, y haya expulsado de delante de ti a muchas naciones: al hitita, al girgaseo, al amorreo, al cananeo, al fereceo, al heveo y al jebuseo, siete naciones más grandes y más fuertes que tú,

2

y Yahveh tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las consagrarás al anatema. No harás con ellas alianza, ni les tendrás compasión.

3

No emparentarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo,

4

porque apartaría a tu hijo de seguirme, y servirían a dioses ajenos; entonces la ira de Yahveh se encendería contra vosotros y os destruiría pronto.

5

Por el contrario, así trataréis con ellos: derribaréis sus altares, quebraréis sus estatuas, destruiréis sus cipos, y quemaréis en el fuego sus ídolos de madera.

6

Porque tú eres un pueblo santo para Yahveh tu Dios; Yahveh tu Dios te ha escogido para ser su pueblo personal entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.

7

No por ser vosotros el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha escogido, pues sois el más pequeño de todos los pueblos;

8

sino porque Yahveh os ama y porque guarda el juramento que hizo a vuestros padres, os ha sacado Yahveh con mano fuerte y os ha rescatado de la casa de servidumbre, del poder de Faraón, rey de Egipto.

9

Reconoce, pues, que Yahveh tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones con los que le aman y guardan sus mandamientos,

10

y que paga en su misma persona al que le aborrece, dándole la muerte; no tarda en pagar al que le aborrece, le paga en su misma persona.

11

Guardarás, pues, los mandamientos, los estatutos y las leyes que yo te prescribo hoy para que los pongas en práctica.

12

«Porque si escucháis estas leyes y las guardáis poniéndolas en práctica, Yahveh tu Dios guardará contigo la alianza y la misericordia que juró a tus padres;

13

te amará, te bendecirá y te multiplicará; bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu suelo, tu trigo, tu mosto y tu aceite, la cría de tus vacas y el aumento de tus ovejas, sobre la tierra que juró a tus padres que te daría.

14

Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá entre ti estéril ni estéril en tu ganado.

15

Yahveh apartará de ti toda enfermedad; no enviará sobre ti ninguna de las malignas dolencias de Egipto que tú conoces, sino que las enviará a todos los que te aborrecen.

16

«Consumirás, pues, a todos los pueblos que Yahveh tu Dios te entregue; no tendrás compasión de ellos, ni servirás a sus dioses, porque eso sería un lazo para ti.

17

Si piensas en tu corazón: "Estas naciones son más numerosas que yo, ¿cómo podré desposeerlas?",

18

no las temas; acuérdate bien de lo que Yahveh tu Dios hizo a Faraón y a todo Egipto:

19

de las grandes pruebas que vieron tus ojos, las señales, los prodigios, la mano fuerte y el brazo extendido con que Yahveh tu Dios te sacó. Así hará Yahveh tu Dios con todos los pueblos a los que temes.

20

Además, Yahveh tu Dios enviará contra ellos avispas, hasta que perezcan los que queden y se escondan de ti.

21

No te aterrorices delante de ellos, porque Yahveh tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terrible.

22

Yahveh tu Dios echará de delante de ti a esas naciones poco a poco; no podrás acabar con ellas rápidamente, no sea que las fieras del campo se multipliquen contra ti.

23

Pero Yahveh tu Dios te las entregará, y las llenará de gran turbación hasta que sean destruidas.

24

Entregará sus reyes en tu mano, y harás desaparecer sus nombres de debajo del cielo; nadie te podrá hacer frente hasta que los hayas destruido.

25

Quemarás en el fuego las imágenes de sus dioses; no codiciarás la plata y el oro que las recubren ni te los apropiarás, no sea que por ello caigas en un lazo, porque son una abominación para Yahveh tu Dios.

26

No introducirás una cosa abominable en tu casa, porque serías anatema como ella; la aborrecerás y la tendrás por abominación, porque es anatema.»

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