El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.
Deuteronomio
Capítulo 8
«Cuidad de poner por práctica todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que viváis y os multipliquéis, y entréis y toméis posesión de la tierra que Yahveh juró a vuestros padres.
Acuérdate de todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años por el desierto, para humillarte, para probarte y conocer lo que había en tu corazón: si guardarías o no sus mandamientos.
Te humilló, te hizo padecer hambre, te alimentó con maná, que ni tú ni tus padres conocíais, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Yahveh vive el hombre.
Tu vestido no se gastó sobre ti, ni se hincharon tus pies durante estos cuarenta años.
Reconoce, pues, en tu corazón que, como un padre castiga a su hijo, así Yahveh tu Dios te castiga.
«Guardarás los mandamientos de Yahveh tu Dios, andando en sus caminos y temiéndole.
Porque Yahveh tu Dios te introduce en una tierra buena: tierra de arroyos, de fuentes y de aguas profundas que brotan en la vega y en la montaña;
tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel;
tierra donde comerás pan sin escasez, y donde nada te faltará; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes extraerás cobre.
Comerás hasta saciarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios por la buena tierra que te ha dado.
«Guárdate de olvidarte de Yahveh tu Dios, descuidando sus mandamientos, sus leyes y sus estatutos que yo te prescribo hoy.
No sea que cuando hayas comido hasta saciarte, y hayas edificado casas buenas y habitado en ellas,
y hayas visto crecer tus vacadas y tus ovejas, y aumentar la plata y el oro, y multiplicarse todo cuanto tienes,
se enorgullezca tu corazón y te olvides de Yahveh tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre;
que te condujo por este desierto grande y terrible, con serpientes abrasadoras y escorpiones, con sed y donde no había agua; que te hizo brotar agua de la roca más dura;
que te alimentó en el desierto con maná, que tus padres no conocían, para humillarte y probarte, y para hacerte bien al final.
No sea que digas en tu corazón: "Mi fuerza y el poder de mi brazo me han adquirido estas riquezas."
Acuérdate de Yahveh tu Dios, porque él es quien te da la fuerza para adquirir riquezas, a fin de confirmar la alianza que juró a tus padres, como sucede hoy.
«Si te olvidas de Yahveh tu Dios y vas tras otros dioses, y les sirves y te postras ante ellos, yo os aseguro hoy que pereceréis sin remedio.
Como las naciones que Yahveh hizo perecer delante de vosotros, así pereceréis, por no haber escuchado la voz de Yahveh vuestro Dios.»