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El Libro de Deuteronomio es el quinto libro de la Torá (Pentateuco) y es reconocido como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y por el judaísmo. El título en español deriva del griego 'Deuteronomion', que significa 'segunda ley', reflejando la reafirmación y expansión de la ley dada en el Sinaí. El nombre hebreo 'Devarim' significa 'palabras'. El libro consta de tres discursos de Moisés a los hijos de Israel en las llanuras de Moab, antes de que entraran en la Tierra Prometida, revisando la historia de la peregrinación en el desierto y reiterando la alianza con Dios.

Deuteronomio

Capítulo 9

1

«Oye, Israel: tú vas a pasar hoy el Jordán para entrar a desposeer a naciones más grandes y más fuertes que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo,

2

un pueblo grande y alto, los anaquitas, que tú conoces y de los cuales has oído decir: "¿Quién podrá resistir ante los hijos de Anac?"

3

Reconoce, pues, hoy que Yahveh tu Dios es el que va delante de ti como fuego devorador; él los destruirá, los humillará delante de ti, y tú los desposeerás y los harás perecer rápidamente, como Yahveh te ha dicho.

4

«Cuando Yahveh tu Dios los haya arrojado de delante de ti, no digas en tu corazón: "Por mi justicia me ha hecho Yahveh entrar a poseer esta tierra"; mientras que por la impiedad de estas naciones, Yahveh las desposee delante de ti.

5

No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón por lo que entras a poseer su tierra, sino por la impiedad de esas naciones, Yahveh tu Dios las desposee delante de ti, y para confirmar la palabra que Yahveh juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

6

Reconoce, pues, que no es por tu justicia que Yahveh tu Dios te da esta buena tierra para que la poseas, pues eres un pueblo de dura cerviz.

7

«Acuérdate, no olvides, cómo provocaste a ira a Yahveh tu Dios en el desierto. Desde el día que saliste de la tierra de Egipto hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahveh.

8

En Horeb provocasteis a ira a Yahveh, y Yahveh se airó contra vosotros hasta el punto de destruiros.

9

Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que Yahveh hizo con vosotros, permanecí en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.

10

Yahveh me dio las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios, y en ellas estaban todas las palabras que Yahveh os había dicho en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.

11

«Al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches, Yahveh me dio las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza.

12

Y me dijo Yahveh: "Levántate, baja de aquí pronto, porque tu pueblo, que sacaste de Egipto, se ha corrompido; pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito; se han hecho un ídolo de fundición."

13

Yahveh me habló, diciendo: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.

14

Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo, y yo haré de ti una nación más grande y más poderosa que ellos."

15

«Me volví y bajé del monte, mientras el monte ardía en fuego, con las dos tablas de la alianza en mis dos manos.

16

Miré, y he aquí que habíais pecado contra Yahveh vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición; pronto os habíais apartado del camino que Yahveh os había prescrito.

17

Entonces tomé las dos tablas, las arrojé de mis dos manos y las hice pedazos ante vuestros ojos.

18

Luego me postré delante de Yahveh, como antes, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, a causa de todo el pecado que habíais cometido haciendo lo malo ante los ojos de Yahveh, para enojarle.

19

Porque temí a causa de la ira y del furor con que Yahveh se había enojado contra vosotros hasta el punto de destruiros. Pero Yahveh me escuchó también esta vez.

20

Y contra Aarón se airó Yahveh en gran manera hasta el punto de destruirle; pero oré también por Aarón en aquella ocasión.

21

Tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego, lo hice pedazos moliéndolo bien, hasta reducirlo a polvo fino, cuyo polvo eché al torrente que baja del monte.

22

«También en Taberá, en Masá y en Kibrot-Taavá provocasteis a ira a Yahveh.

23

Cuando Yahveh os mandó salir de Cadés-Barnea, diciendo: "Subid y tomad posesión de la tierra que yo os he dado", fuisteis rebeldes a la orden de Yahveh vuestro Dios, y no creísteis en él ni escuchasteis su voz.

24

Rebeldes habéis sido a Yahveh desde el día que os conozco.

25

«Me postré, pues, delante de Yahveh aquellos cuarenta días y cuarenta noches, porque había dicho Yahveh que os iba a destruir.

26

Y oré a Yahveh, diciendo: "¡Oh Señor Yahveh! No destruyas a tu pueblo, a tu heredad, que has rescatado con tu grandeza, que has sacado de Egipto con mano fuerte.

27

Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la dureza de este pueblo, ni su impiedad, ni su pecado,

28

no sea que digan en la tierra de donde nos sacaste: "Porque Yahveh no podía introducirlos en la tierra que les había prometido, y porque los aborrecía, los ha sacado para matarlos en el desierto."

29

Ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido."

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